

Los pasos ciegos
«Ahora bien, todo lo que es inteligible y puede ser concebido distintamente no implica contradicción y nunca puede ser demostrado falso por ningún razonamiento demostrativo o razonamiento abstracto a priori.»…”Hemos dicho que todos los argumentos sobre la existencia se basan en la relación de causa y efecto; que nuestro conocimiento de esa relación se deriva enteramente de la experiencia; y que todas nuestras conclusiones experimentales se basan en la suposición de que el futuro será conforme al pasado.» (De “An enquiry concerning human understanding”, por D. Hume)
«Durante largo tiempo sucumbió fácilmente la sustancia viva y fue creada incesantemente de nuevo hasta que las influencias reguladoras exteriores se transformaron de tal manera que obligaron a la sustancia aún superviviente a desviaciones cada vez más considerables del primitivo curso vital y a rodeos cada vez más complicados hasta alcanzar el fin de la muerte. Estos rodeos hacia la muerte, fielmente conservados por los instintos conservadores, constituirían hoy el cuadro de los fenómenos vitales.» (De “Más allá del principio del placer”, por S. Freud)
La psicología cognitiva de A. Clark postula una suerte de virtud predictiva lanzada siempre hacia adelante, dueña básicamente del futuro al que solo está dispuesta a concederle la misión de corrección de lo que ya sabía (se entiende que el proceso se extiende a toda vida cualquiera sea su definición), idea entre descabellada y de una debilidad que igualmente le ha permitido ganar cátedras y seguidores (lo que proyecta, lo proyectado y el comparador hacen recordar al homúnculo de Descartes, en un teatro al que además — por si la escenificación no fuera ya de por sí un tanto absurda — se le agrega el guión), y que va en una dirección directamente inversa a la de Hume que paradójicamente le otorga una libertad impensada que le permite su expresión, haciéndola habitar esa región en la que todo vale en la imposibilidad de demostrar el futuro convertido en quimera (la piedra en lugar de caer puede elevarse mañana, la bola de billar quede tomar direcciones asombrosas después de ser golpeada), creando una asimetría (Hume le permite a Clark existir y no a la inversa) que le otorga a Hume una generosidad que es extendida a todo lo demás, emancipando a la especulación en casi un espacio de juego que sin embargo y de manera inesperada, parece tener la potencia para torcer la experiencia misma, con palabras que aseguran adivinar el porvenir, reveladas en las tragedias que empujan a los actores a hacer lo que les ha sido anunciado y nunca han querido, todo envuelto en ese amasijo que Freud expone, que provoca y a la vez demora, como si la experiencia retrasara a cada instante el regreso sentenciado desde siempre, con el disfraz de una construcción que le sostiene el brazo no por mucho tiempo, uniendo la caminata a tientas de Hume con el permiso de las más bizarras interpretaciones, capaces de modificar los mismísimos pasos ciegos.