El esfuerzo dialéctico

Screenshot
Screenshot

El esfuerzo dialéctico

«Pero el que alcanzó la fe (no hace diferencia si es un hombre de talentos distinguidos o un hombre simple) no permanece en la fe.»…»No permanezco parado de nin­guna manera, mi vida completa está en esto.»… “Uno debe ir más lejos, uno debe ir más lejos.»…»Herácli­to el oscuro dijo: «No se puede pasar dos veces por la misma corriente (El Cratilo de Platón). Heráclito el oscuro tenía un discípulo que no se detuvo en eso, fue más allá y agregó: «uno no puede hacerlo ni una sola vez».»…»se convirtió en una tesis eleática que niega el movimien­to y, sin embargo, ese discípulo solo deseaba ser discí­pulo de Heráclito… y seguir adelante, no volver a la posición que Heráclito había abandonado.»…»No soy un poeta, solo voy a las cosas dialécticamente.» (De «The Kierkegaard Collection»)

La dialéctica parece tener como una de sus contradic­ciones cierto regressus ad infinitum en su aplicación continua siempre su conclusión es un nuevo comien­zo-lo que explicaría la impaciencia en aquellos que en algún punto del trayecto, deciden cortar la secuencia infinita para simular (aunque el verbo no es el correc­to, toda que se presenta también en la forma de autoengaño; vez un punto de llegada bienvenido luego de un trabajo cansador y sin frutos aparentes (suponga­mos que hacemos de la dialéctica una profesión, encontrando a cada paso una cosa y su contrario, objeto de síntesis para volver a empezar, ¿no queda todo el proceso encasillado en una burocracia aburrida e insostenible, que contrasta con la promesa de aven­tura que será gradualmente abandonada, recordán­donos la pérdida de entusiasmo de los profesores de filosofía que consiguen sus cátedras a partir de la confiabilidad de lo que dicen, solo obtenida a partir de la repetición sin diferencia?) en una tarea que debe su ingratitud a haber entendido su misión como administrativa, imposibilitados de ir más lejos, o más bien, confundidos, cuando creen que ir más lejos es continuar con la labor metoní­mica en cadena, envidiosos del poeta (¿por qué el poeta llega fuera de toda duda?¿por qué el punto final de su poema alcanza ese lugar que inútilmen­te sus interminables disquisiciones han perseguido?) y caemos en la cuenta que el secreto que no puede ser comunicado (y por lo tanto excede el alcance de los símbolos) está relacionado con un estado de alerta, de atención flotante (no en vano Freud puso aquí su acento), de negligencia vigilante, que en algún punto de la serie inagotable nos mostrará, sin previo aviso, la concentración en un punto de toda dialéctica