

El escape imperfecto
«El verdadero conocimiento de Dios comienza, escribe Hegel, ‘cuando sabemos que las cosas como son de manera inmediata no tienen verdad.» ‘la consumación de la meta infinita,’ él dice en otro lugar, ‘consiste simplemente en eliminar la ilusión que hace que aparezca incumplida. Lo Bueno y la Bondad absoluta es eternamente lograda en el mundo: y el resultado es que no necesita esperarnos, sino que está ya lograda… Es una ilusión debajo de la cual vivimos… En el curso de su proceso, la idea se convierte en esa ilusión, estableciendo una antítesis para confrontarla, y su acción consiste en deshacerse de la ilusión que ha creado.” (De «Complete Works of William James»).
En su batalla contra lo uno, James encuentra en Hegel un exponente que le permite ejemplificar lo que es necesario evitar, a saber, esa búsqueda a su parecer forzada de ese momento particular y universal a la vez, inundada de abstracciones que adquieren vida propia gracias a nosotros mismos que las creamos, armando la telaraña de conceptos que terminan atrapando a su propio creador (Deleuze nos decía que la tarea de la filosofía era justamente crear conceptos – podríamos decir con la intención de poner al mundo patas para arriba), quizás obviando su propio abordaje, que requiere de aquellas mismas abstracciones para desarrollarse y oponerse a ellas mismas (quizás Wittgenstein, con una honestidad nada habitual, nos diría que arrojemos la escalera una vez en el destino que nos ha sido mostrado), al punto que entendamos que en el fondo la agonística planteada puede ser resumida en nuestras definiciones de ilusión – en Hegel, mucho mas cercana a los Upanishads (que deslumbrara a Schopenhauer, sintomáticamente su acérrimo enemigo – ¿no es quizá que estábamos en un caso de la angustia de la influencia?), principalmente por su necesidad de sacudirse la lógica clásica, que no es capaz de explicar porque Aquiles puede ganarle la carrera a la tortuga (la flecha que no avanza también desnuda la función de las fórmulas, limitada a una predicción relativa) y en James, convertida también en una creación demasiado humana que unifica artificialmente lo múltiple, sin confesar que esa definición está irremediablemente atada, paradójicamente, al conservadurismo más profundo que asocia a su filosofía a la ciencia, de la que inútilmente intenta escapar.