Los temperamentos y lo real

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Los temperamentos y lo Real

«Por lo tanto, el espacio y el tiempo son vehículos de continuidad, por las cuales las partes del mundo se unen.”…»Hay innumerables otros caminos de continuidad práctica entre las cosas. Las líneas de influencia se pueden rastrear por las que se juntan.»…»Encontramos sistemas coloniales, postales, consulares y comerciales, todas cuyas partes obedecen a influencias definidas que se propagan dentro del sistema, pero no a hechos fuera de él»….»El mundo es uno, por lo tanto, en la medida en que experimentamos que está concatenado, uno así como muchas conjunciones definidas aparecen. Pero también No-uno por justamente tantas definidas Disyunciones encontramos.» (De «Complete Works of William James»)

A primera vista – a veces aconsejable, a veces no – el objetivo del pragmatismo en realidad, es su propia confesión parece ser el camino intermedio entre los racionalistas (con su bagaje arbitrario de definicio­nes) y empiristas, ambos guiados por 2 clases diferentes de temperamentos – y aquí aparece un problema importante si es que el temperamento no nos deja ser otro, ingresando a la aporía que intenta sacu­dirse, condenando al flujo que somos a fijarse en estatuas congeladas por la descripción, perfilando la pregunta que, intuimos, encierra un misterio, why cannot I be you? – que sentencian una preferencia, a esta altura demasiado banal como para guiarnos a ninguna verdad, que aparentemente puede ser sostenida casi como un juego de gente que no sabe que está jugan­do, descubiertos in-fraganti por el pragmatista que los desenmascara, desplazándolos del saber solo para ubicarse el mismo en el trono -¿ no es este el destino de todo escrito que quiera destilar sentido? -, en ese entre dos conciliador que muchas filosofías se adjudican, afanosas con demostrar su triunfo en los restos de sus antecesoras – ¿no demuestra esto también esa hybris imprescindible para hablar, sin la que seríamos completamente mudos? – aunque preferimos demorarnos (¿hay alguna otra manera de desafiar a la lógica que demorarse?) en ese punto en donde uno es muchos, no porque la arbi­trariedad generada por nuestras personalidades provo­que el encontronazo entre conceptos que se oponen (al fin del día el evento no tendría ningún fulgor espe­cial y solamente cumpliría la tarea de informarnos de nuestras limitaciones), sino porque lo Real, ajeno a nuestros intereses demasiado humanos, nos muestra a la contradicción desembozada y ajena a toda explicación.