La igualdad de la demora

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La igualdad de la demora

«Dado que todo razonamiento sobre hechos o causas se deriva simplemente de la costumbre, se puede preguntar cómo es que los hombres superan tanto a los animales en razonamiento y un hombre supera tanto a otro?. ¿No tiene la misma costumbre la misma influencia en todos?.”…”Se considera de gran importancia observar las consecuencias de las cosas; y dado que un hombre puede superar mucho a otro en atención, memoria y observación, esto hará una gran diferencia en su razonamiento. Donde hay una complicación de causas para producir cualquier efecto, una mente puede ser más grande que otra, y más apta para comprender el sistema completo de objetos, e inferir justamente sus consecuencias.”…”La circunstancia sobre la cual el efecto depende, es frecuentemente involucrada en otras circunstancias, que son foráneas y extrínsecas. La separación de eso requiere gran atención, precisión y sutileza.”…”Cuando razonamos desde analogías, el hombre que tiene la mayor experiencia o la mayor prontitud para sugerir analogías, será el mejor razonador.» (De «An Enquiry Concerning Human Understanding“, por D. Hume)

Entre los problemas que la avasallante teoría de la evolución ha traído consigo, tiene un lugar interesante la subrepticia aparición de alguna teleología — el magma en perpetua revuelta y hacia adelante tienta al direccionamiento —, inevitablemente bizarras (basta ver el «gen egoísta» de Dawkins — inclusive para atestiguar la proporcionalidad entre lo bizarro de la idea y su éxito), necesidad neutralizada por Hume al momento de democratizar a las cosas, eludiendo el forzoso antropocentrismo, otorgando a todo la misma capacidad diferenciada solo en grados, emparejando la razón con el instinto con la fotosíntesis, con la introducción de un rol inesperado y fantástico en la demora, que permite el funcionamiento del conjunto, dando el tiempo de la evaluación del pasado (y surge con fuerza el problema del Funes de Borges, sin intersticios en un tiempo de una continuidad agobiante e inmedible, siempre con un recuerdo en el medio de dos recuerdos, en un abismo sin respiro que anula su posibilidad de salir del tiempo y pensar — y el pensar se descubre a la vez como una nueva dimensión ajena a la física) con mayor o menor éxito pero esencialmente en las manos de todo lo que existe, con animales, personas y cosas con la chance de un paso al costado del que sin embargo no se tiene consciencia, probablemente la razón por la que se hacen imprescindibles la atención, precisión y sutileza (resuena Freud y su atención flotante, milagrosamente capaz de capturar ese instante que se niega a revelarse, en el que están concentrados todos los caminos que se han entrecruzado y sobre los que hay que decidir après-coup con consecuencias ciertas para el futuro), compañeras eminentes de la creación de analogías, que a la vez que presenta un flanco cercano a la enfermedad (la histeria es su ejemplo), muestra su potencia liberadora, como la pausa en el medio de un poema.