El espectro impensado

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El espectro impensado 

«Donde la vivacidad surge de una conjunción habitual con la impresión presente, aunque la imaginación no parezca estar tan conmovida, siempre hay algo más contundente y real en sus acciones que en los fervores de la poesía y la elocuencia.”…”Una descripción poética puede tener un efecto más sensible sobre la fantasía que una narración histórica. Puede recoger más de aquellas circunstancias que forman una imagen o cuadro completo. Puede parecer que nos presenta el objeto con colores más vivos, pero aún así, las ideas que presenta son diferentes para el sentimiento de aquellas que surgen de la memoria y del juicio. Hay algo débil e imperfecto en medio de toda esa aparente vehemencia de pensamiento y sentimiento que acompaña a la ficción de la poesía.» (De “A Treatise of Human Nature” por D. Hume)

«Cuantas cosas,/ Limas, umbrales, atlas, copas, clavos, / Nos sirven como tácitos esclavos, / Ciegas y extrañamente sigilosas! / Durarán más allá de nuestro olvido: No sabrán nunca que nos hemos ido.» (De “Las Cosas”, por J. L. Borges)

El contenido manifiesto de Ojos extraños (Mo shi ho, película de Siew Hua Yeo) es, como todo, algo conocido (no debería pasar desapercibido el hecho evidente a todas luces que a pesar de la repetición hasta el hartazgo de argumentos y guiones, siguen produciéndose films, como si existiera la imperiosa necesidad de la repetición, reeditando un misterioso Fort-Da que exige la vuelta en círculo de la angustia, como una rueda imprescindible para sacar chispas en un recorrido que sin ella sería único y aislado, de la que el psicoanálisis hace uso), retratando una pareja desavenida a causa del nacimiento de su hija pero también de millones de otras cosas, en una trama que amplifica la objetivación a través de la mirada voyeur (La “Ventana Indiscreta” de Hitchcock ya nos introducía en esa incógnita del otro en su aparición desnuda, capaz de ser llenada de miles de maneras) pero más siniestramente por la omnipresencia de las cámaras en calles, casas, supermercados y pasillos, de la que parece imposible escapar, generando una especie de claustrofobia que provoca todo lo que no tiene salida por sus contornos demasiado claros, como ese único camino verdadero que Hume distingue en la psicología humana (ha estado siempre claro que no hay que buscar más allá, bajo la pena de convertirse en un charlatán), que va desde las impresiones a las ideas (el hecho que pueda haber algún regurgitado desde la idea hacia arriba, no le quita la escenificación de un circuito cerrado) sin ningún espacio para fantasmas, todos detectados y debidamente identificados, aunque la madre de Jungyang, en el medio de la concreta búsqueda de su nieta, con claros videos que reportan al milímetro todo lo que hay, sorprende al quedar absorta en lo que su largavista le devuelve, en la forma de una bailarina que excede todos los marcos y que quizás también pertenece a ese universo sellado que por la misma inmensidad inabarcable que maneja, abre la puerta para que la debilidad de la poesía se convierta en un espectro impensado.