

El todo y las partes
«Debo observar que no puede haber das pasiones más parecidas entre sí que las de la caza y la filosofía, por mucho que a primera vista pueda parecer que hay desproporción entre ellas. Es evidente que el placer de la caza radica en la acción de la mente y el cuerpo, el movimiento, la atención, la dificultad y la incertidumbre. También es evidente que estas acciones deben ir acompañados de una idea de utilidad para que tenga algún efecto sobre nosotros”…»Aquí es seguro que la utilidad o importancia de sí mismo no causa verdadera pasión, sino que es solo necesaria para sostener la imaginación.»
(De “A Treatise of Human Nature”, por D. Hume)
«La transformación de la libido objetiva en libido narcisista que aquí tiene efecto, trae consigo un abandono de los fines sexuales, una desexualización, o sea una especie de sublimación y incluso nos plantea la cuestión de sino será acaso este el camino general conducente a la sublimación, realizándose siempre todo el proceso de este género por la mediación del Yo que transforma primero la libido objetiva sexual en libido narcisista para proponerle luego un nuevo fin.» (De “El yo y el Ello”, por S. Freud)
«Nos aniquilaría ver la ingente forma de nuestro ser; piadosamente Dios nos depara sucesión y olvido.» (De “Edipo y el enigma”, por J. L. Borges)
En Dead Man (película de Jim Jarmusch), William Blake retoma su destino — trágico, como el de todos — a través de la guía de Nobody — quizás su nombre mismo lo equipare a una alucinación, aunque sería un detalle de escasísima importancia — que lo inicia en la psicodelia para que complete el viaje inspirado por la eponimia de su nombre que convierte en irrelevante la discusión acerca de reencarnaciones, con la participación por igual de la mente y el cuerpo, sin distinción ni predominio, en la búsqueda que Pierre Hadot entendió como legado del «conócete a ti mismo» de Sócrates — heredado por Foucault — ya entrevisto por Hume en su fantástica comparación entre la caza y la filosofía (difícil encontrar una respuesta más sorprendente a la gastada pregunta de «qué es filosofía»), con la puesta en juego de la carne y del alma para la tarea que sin embargo encuentra un obstáculo en su mismo sistema en la necesidad de un fin para completar la pintura de la inclinación natural y que el escepticismo — que él mismo en las sombras no puede dejar de cultivar — le niega, obligando a recortes parciales (no en vano también entra el juego en estas curiosas y bellas analogías) que aborrecen de grandes relatos como el que Freud intenta, revelando una diferenciación notable entre la modestia lúdica para el encuentro del entusiasmo y la alambicada excursión de la energía que exige un cauce con una meta final que teje un aparato psíquico con cada vez más compartimentos, relegando con complejidad la simpleza de rompecabezas parciales que de todas maneras desnuda una nueva contradicción que sobrevuela aquel viaje, tironeado por el fantasma presente del todo que aniquila y la sucesión del tiempo que enciende siempre un nuevo comienzo.