Las formas de la nada

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Las formas de la nada

«Podemos observar no solo que el amor y el odio son comunes a toda la creación sensible, sino también que sus causas, como se explicó anteriormente, son de una naturaleza tan simple que pueden fácilmente ser sujetas de operar en simples animales. No se requiere fuerza de reflexión o penetración. Todo se conduce por resortes y principios que no son peculiares al hombre ni a ninguna especie animal.»…»El amor en los animales no tiene por su único objeto a los animales de la misma especie sino que se extiende más allá y comprende casi a todo ser sensible y pensante.» (De «A Treatise of Human Nature», Hume)

«La división de los períodos del desarrollo sexual del hombre, esto es, la interrupción de este desarrollo por la época de latencia, nos parece digna de una especial atención, pues creemos que contiene una de las condiciones de la evolución del hombre hacia una civilización, pero también de su predisposición a la neurosis. En los animales más próximos al hombre no ha podido demostrarse, que yo sepa, nada análogo.» (De «Tres ensayos para una teoría sexual» Freud)

«A lo que nuestras mentes occidentales tienden a rechazar. La transmigración, que para nosotros es un concepto ante todo poético.”…”Hay un pasaje de Empédocles que recuerda sus vidas anteriores: Yo fui doncella, yo fui una rama, yo fui un ciervo y fui un mudo pez que surge del mar.» (De «El budismo», J.L. Borges)

Un envoltorio de papel hecho un bollo y arrojado despectivamente a una mendiga por Jean (película «Código desconocido» – Code Inconnu, película de Michael Haneke), desencadena la apertura de tres series (Jean escapando de su vida de granja, Amadou recibiendo veladas y evidentes discriminaciones por su origen africano, la mendiga desesperada y deportada) cuyo factor común es la cascada hacia abajo y hacia arriba de corrientes de desprecio y de simpatías por contigüidad (Kosovo está lejos y los vándalos del subte demasiado cerca), en flujos tan difíciles de descifrar como los mensajes que los niños sordomudos se empeñan en entender sin éxito, como si ese código que recorre todo alentara a su solución imposible, cercano a esos resortes y principios humianos que solo pueden ser sorprendidos en acto, resignando la ambición de ir más allá, que además todo lo igualan, extendiendo un misterio horizontal a los animales – y con poco esfuerzo, susceptible de ser ampliado al universo completo –, revelando la clave de la separación de Freud de su alegada fenomenología, que es nada más ni nada menos que un hiato único en los hombres, esa latencia que transforma de un solo golpe al instinto en pulsión (y una vez más, sintomáticamente, se vuelve atrás luego de la denuncia de la impotencia de un yo que sigue resistiendo la putativa revolución copernicana, creando un refugio para la humanidad en ese vacío único), al atravesar un abismo puramente humano que le ofrece el ropaje necesario para diferenciarse en el intento de cancelar aquel misterio para eliminar la angustia de ser doncella, rama, ciervo, pez, que son formas de la nada.