

La otra opción
“Después que la experiencia me enseñara que todos los escenarios habituales de la vida social son vanos o fútiles, viendo que ninguno de los objetos de mis miedos contenían en sí mismos algo bueno o malo, excepto en la medida en que la mente es afectada por ellos, finalmente resolví investigar si podría haber algún bien real con el poder de comunicarse a sí mismo, que afectaría a la mente solamente, con exclusión de todo lo demás; si, de hecho, podría haber algo cuyo descubrimiento y consecución me permitiría disfrutar de una felicidad suprema, contínua e interminable.» (De «On the Improvement of the Understanding», por B. Spinoza)
»Si no fuera por el Carácter Poético o Profético, lo Filosófico y Experimental estaría pronto en la proporción de todas las cosas y detenidos, incapaces de hacer otra cosa que repetir una y otra vez la misma rutina aburrida.» (De «The Complete Illuminated Books», por W. Blake)
»Una consciencia pequeña no puede seguir a una consciencia inmensa; la corta duración no puede seguir a una duración larga. ¿Cómo conocemos? La seta de la mañana no sabe nada del mediodía; la cigarra de invierno no sabe nada de la primavera ni del otoño.» (De «Zhuangzi, Inner Chapters»)
Los planos recortan solo las cosas (película «El séptimo continente», «Der siebente Kontinent» de M. Haneke), como si tuvieran en sus espaldas la posibilidad de respuestas, como si se las estrujara en busca de un significado que indefectiblemente se escabulle, en principio para esa familia acomodada, de una normalidad apabullante y socialmente deseable, cuyas fisuras comienzan a tomar foco, anhelando un protagonismo que les es habitualmente negado (probablemente bajo la velada certeza de que una vez iniciadas van a demostrar su naturaleza imparable, como las ramificaciones de las grietas en el medio de un terremoto) pero que irrumpe con el llanto desconsolado y repentino de Anna o la ceguera fingida de Evi, la hija, que acompañará a sus padres en la búsqueda de ese séptimo continente (tan alejado que ni siquiera es el sexto, que aún alberga la chance de la Atlántida) a través del suicidio, previa destrucción completa y rabiosa de las cosas, con su impotencia definitivamente desenmascarada, como la que advierte Spinoza al vaciarlas de sentido, habitantes de un universo de relaciones que las despoja de contenido y que devuelven, a manera de venganza inesperada, la angustia del no-ser que parece ofrecer solo las opciones de la ceguera (comúnmente aceptada y sólida en su carácter de engaño colectivo que la transforma en la Maya inescapable) o de la trascendencia que busca esa sustancia plena capaz de irradiar sentido, más acá del caos de lo que aparece (que Hume intentó ordenar con los principios que rigen en la imaginación de los hombres), aparente único remedio si se quiere permanecer en esa misma zona lógico-científica, impidiendo reconocer el escape sin garantías en la reverberación de lo mismo que se convierte inefablemente en otro