El rodeo

Screenshot
Screenshot

El rodeo

«Prop. XII. Todas las ideas, en tanto están referidas a Dios, son verdaderas. Prueba. Todas las ideas que están en Dios acuerdan en cada respecto con sus objetos, por lo tanto, son verdaderas. QED.

Prop XXIII No hay nada positivo en ideas que cause llamarlas falsas.

Prueba. Si esto es negado, concibe, si es posible, un modo positivo de pensamiento, que debería constituir la cualidad distintiva de falsedad. Tal modo de pensamiento no puede estar en Dios; externo a Dios no puede ser o ser concebido. Por lo tanto no hay nada positivo en las ideas que cause que sean llamadas falsas.» QED (De “Ethics”, B. Spinoza)

«Pero hay algo aún más angustiante que todo esto: quedar atrapado entre las dos trampas del beneficio y el daño mientras se trituran mutuamente, sin tener una tercera vía para escapar de ellas…» (Zhuang Zi)

«Di toda la verdad pero dila al sesgo —

El éxito está en el rodeo

Demasiado brillante para nuestro frágil deleite /

La soberbia sorpresa de la Verdad /

Como el Rayo a los Niños suavizado

Con explicación amable

La Verdad debe deslumbrar gradualmente /

O todo hombre quedará ciego.»(1129. Emily Dickinson)

Una de las ideas impactantes de la película “Las amigas” (M. Antonioni) es la inversión de causa y efecto en el suicidio de Rosetta, que luego de intentarlo con pastillas, produce el motivo enamorándose de Lorenzo, comprometido con su amiga Nene, que sin duda es la elección correcta para llevar a cabo, esta vez con éxito, su primera decisión, como si las cosas se dispusieran sin ayuda de nadie de manera de cumplimentar el trágico destino (la tragedia siempre tiene sus oráculos y brujas que advierten incesantemente de los crueles resultados que siempre tomarán lugar a través de los más variados y desconocidos trayectos), idea que se desenvuelve en paralelo a la de «atractores» que, como el centro de un vórtice, intentan deglutir cada pieza de su contorno (Lorenzo, envidioso y fracasado, desviando a Nene de su seguro suceso; Momina, ansiosa por contagiar su cinismo de vida vacía, Clelia obligando a todas a una utópica independencia), como si encarnaran la verdad del universo y con la misión de su desencadenamiento, sujetos a una voluntad ciega hasta para ellos mismos, esclavos de deseos que los inundan de la angustia de su virtual falsedad, impedidos de la visión divina, la única capaz de encajar cada parte en su lugar propio, en la confluencia perfecta en cada punto de todas las infinitas series, otorgando la excelencia a cada ondulación por fuera de los juicios demasiado humanos, tironeados hacia uno u otro torbellino de acuerdo a una única y eterna topografía que se empeña en ser dada en pequeñas entregas estiradas en el tiempo, impotentes para revelar el todo que sin embargo anida en cada partícula y en cada idea, que encuentran en el rodeo su condena y su salvación, alternando angustia con deslumbramiento sin fórmula posible.