El Salto

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El salto 

“Por lo tanto, de lo que se ha dicho se desprende claramente que en ningún caso nos esforzamos, queremos, anhelamos o deseamos algo porque lo consideremos bueno, sino que, por otro lado, consideramos que una casa es buena porque nos esforzamos por ella, la queremos, la anhelamos o la deseamos.”…”Prop. XI. Cualquier cosa que aumente o disminuya, ayude u obstaculice el poder de actividad de nuestro cuerpo, la idea de eso aumenta o disminuye, ayuda u obstaculiza el poder del pensamiento en nuestra mente.” (De “Ethics”, B. Spinoza)

“Her Grace is all she has – / And that so least displays – / One Art to recognize, must be, / Another Art to praise.” (810, É. Dickinson)

Su Gracia es todo lo que tiene – / Y eso, tan al final lo muestra – / Un Arte reconocer, debe ser, / Otro Arte, alabar.”

Es inabarcable el alcance de la increíble inversión de Spinoza (quizás la filosofía a martillazos no sea otra cosa que la abducción de un sistema de una frase que ha tomado vida, como si consistiera en la resucitación apabullante en el medio de un cementerio, ambos eventos existentes en una necesidad mutua), anteponiendo la amplitud del cono de una vida – no necesariamente humana, con la IA encajando perfectamente en el modelo, hasta el límite que permite la acumulación que tiende al infinito – a consideraciones morales, con un ancho que no se contagia (el cuerpo y el pensamiento corren por sus propios cauces, con la única conexión en el pliegue divino), en series con sus propias cadenas causales desde siempre ya determinadas – de nada sirve la actividad frenética para expandir a una mente que solo se deja influir por sí misma – que tiene ya inscripto, por fuera de la voluntad, el deseo de moverse o de conocer ideas adecuadas – que a esta altura han desaparecido del mapa de las matemáticas o de la física, favoreciendo retroactivamente el consejo spinoziano de eliminar la esperanza y el temor –, profundizando el desconcierto de una ética que tarda en aparecer (quizás el valor de una ética sea medido en la extensión de su procrastinación), deambulando entre ideas que se acumulan sin intención y sin propósito (¿cuántas ideas hay que acopiar para rodear las permutaciones de los 10^80 átomos o de las innumerables cuerdas o la de los impredecibles cuantos?¿cuántas prótesis son necesarias para la ampliación de un cuerpo que indefectiblemente siempre terminará en un contorno?) e individuos que se aceleran o se demoran en su perfecta replicación, suscitando la sofocación que preanuncia una potencial bocanada, como si el peso de todo el andamiaje tuviera la misión de ahogar para provocar el vislumbre de una salida siempre sin garantía, que se dibuja en un posible clinamen producido sin aviso, capaz de forzar el rumbo rectilíneo uniforme o acelerado de las leyes para dejar al descubierto la Gracia que inesperadamente y sin condiciones es capaz de saltar al abismo.