La manzana

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La manzana

«De lo que ha sido dicho, entendemos lo que se significa por los términos Esperanza, Temor, Confianza, Desesperación, Alegría y Desilusión. Esperanza no es otra cosa que un placer inconstante, que surge de la imagen de algo futuro o pasado, de lo que no conocemos el asunto. Temor, por otro lado, es un dolor inconstante que surge también de la imagen de algo relativo a lo que estamos en duda. Si el elemento de duda es removido de estas emociones, la esperanza se convierte en Confianza y el Temor se convierte en Desesperación. Otra vez, la Alegría es Placer que surge de la imagen de algo pasado respecto de lo que hemos dudado del asunto. Decepción es el Dolor opuesto a la Alegría”…»La mente, tanto como sea posible, se esfuerza en concebir aquellas cosas que incrementan o ayudan al poder de actividad del cuerpo.» (De “Ethics”, B. Spinoza)

» ‘Heaven’ – is what I cannot reach! The Apple on the Tree – / Provided it do hopeless-hang-/ That – ‘Heaven’ is – to Me!» (239, E. Dickinson)

» ‘Cielo’ – es lo que no puedo alcanzar! La Manzana en el Árbol-/Si lo hace sin esperanza – cuelga / Eso – ‘Cielo’ es – para Mí!

La mente y su correlato, el cuerpo, se esfuerzan, cada uno a su modo, en perseverar en su ser, como si Dios quisiera conservar su ondulación (que cada cosa es) desde dentro, proveyéndose de ideas adecuadas y de extensiones de la potencia del cuerpo para no dejar de expresar su gloria, que se empeña en darse a conocer a la vez que se esconde de sí misma, en la limitación que tanto el pensamiento como el organismo ostentan, el uno con una doble imposibilidad, por un lado el acotado rango del alcance de una memoria secuencial y escasa y por el otro, la decepción a la que las nociones comunes nos enfrentan – ni la matemática ni la Física las han encontrado todavía – y el otro, con la porosidad infinita de sus moléculas, que impiden detectar las siderales cadenas que desembocan en un aquí y ahora estructuralmente sujetos a la ilusión, que hace girar a la geometría spinoziana a su ángulo pirroniano a través de la insistencia en lo que el conocimiento de segundo orden puede entregar, resignando su función de una construcción imposible, para dedicarse a la destrucción sistemática de la ilusión que todo lo invade – con la Esperanza y el Temor como las primeras en ser abolidas – pero frenándose magistralmente en el final, en el momento en que una dudosa ataraxia debería hacer su aparición, para dejar paso a ese pliegue en la eternidad que en el mismo golpe maestro, ya no depende de la gracia sino de un trabajoso y esforzado camino entre las ruinas provocadas por el mismo ímpetu que quiere sostenerse, que descubre la manzana que desde siempre ha estado colgando ahí.