

El olfato de los tigres
«Prop XII. Un conocimiento verdadero del bien y del mal no puede controlar ninguna emoción por el hecho de ser verdadera sino en la medida en que se la considere como una emoción. Prueba: Una emoción es una idea por la que la mente afirma de su cuerpo una fuerza de existencia mayor o menor que antes; por lo tanto, no tiene ninguna cualidad positiva que pueda destruirse con la presencia de lo que es verdadero; en consecuencia, el conocimiento del bien y del mal no, puede por ser cierto, restringir ninguna emoción.» (De “Ethics”, Spinoza)
«The Truth – is old as God – His Twin identity And will endure as long as He/ A Co-Eternity» (836, Emily Dickinson)
«La Verdad – es tan vieja como Dios – Su identidad Gemela / Y perdurará tanto como Él / Una Co-Eternidad.»
«Heart, we will forget him! You and I – tonight! You may forget the warmth he gave – / I will forget the light.» (47, E. Dickinson)
«Corazón lo olvidaremos! Tú y Yo – esta noche! Tú puedes olvidar el calor que dio – / Yo olvidaré la luz.»
El recurso de película dentro de película no es lo que distingue a Digger (de A. Iñárritu) — recurso al que ya apelan demasiados films y que por lo tanto ha renunciado a su efectividad, enfocada a una versión naif de cierto perspectivismo inteligente, etc. — sino quizás la sobredosis a la manera de muñecas rusas (incluso la escena final podría pensarse como una nueva ficción, etc – de paso, la consigna «compliance is freedom» en el paredón postrero, tiene las características de un equívoco mantra, que trae a la letra en su condición liberadora (al estilo de un recitado de Koan) o esclavizante, cuando se le confiere un grado suficiente de ironía), que distribuyen la verdad siempre en el significante que se opone (el maligno Rockwell como la verdad de los sensibles gobernantes, la contaminación del petróleo como la verdad de la ecología, etc.), poniendo en evidencia su conformación emocional, al estilo de Spinoza, que, a la vez que declara a la verdad como una emoción entre las emociones — clasificación en la que también ingresa el deseo de conocer, una emoción sobre emociones — intenta escapar del callejón con las nociones comunes, procurando romper esa burbuja temible en la que cada acto del pensamiento no es otra cosa que la réplica de un cuerpo que quiere perpetuarse, para fallar en un nuevo doblez, cuando se cae en la cuenta que las nociones comunes (esas que a la vez han mostrado su diversidad en la historia de las ciencias) no son muy diferentes al olfato de los tigres o a la sensibilidad de las termitas para construir la ingeniería de sus nidos, productos todos de ese inefable conatus que iguala todo en Dios y que solo se ilumina cuando lo olvidamos todo.