

El Emperador arrodillado
«Prop XVI. En la medida en que la mente comprende más cosas mediante el segundo y el tercer tipo de conocimiento, está menos sujeta a las emociones que son malas y teme menos a la muerte. Prueba: La esencia de la mente consiste en el conocimiento; por lo tanto, en la medida en que la mente comprenda más cosas mediante el segundo y el tercer tipo de conocimiento, mayor
será la parte de ella que perdure, y en consecuencia, mayor será la parte que no está afectada por las emociones, que son contrarias a nuestra naturaleza o, en otras palabras, al mal.»…”La muerte se vuelve menos dañina en la medida en que el conocimiento claro y distinto de la mente es mayor y, en consecuencia, en la proporción en que la mente ama más a Dios.” (De «Ethics», Spinoza)
«The Soul selects her own Society ~ / Then – shuts the Door – To her divine Majority-/ Present no more -/Unmoved – she notes the Chariots – parking At her low Gate -/Unmoved»- an Emperor be Kneeling / Upon her Mat-/ I’ve known her – from ample nation-/ Choose one -«Then – close the Values of her attention-/Like Stone-» (303, Emily Dickinson)
«El alma elige su propia Sociedad -/ Luego – cierra la Puerta- A su divina Mayoría-/ No se presenten más -/Inmóvil- nota las Carruajes – deteniéndose – Én su humilde Portal – Inmóvil- Un Emperador arrodillado Sobre Su Estera -/ La he conocido – entre una nación inmensa – Elegir Uno- Luego – Cerrar las válvulas de su atención – Como Piedra.»
Hugo Vaca (“La Casa”, película de Gustavo Triviño) hace el trayecto que la noche 351 de Las mil y una noches, rescatada por Borges, describe en el viaje de El Cairo a Isfahán, para encontrarse con otro soñador que soñó justamente el patio de su casa conteniendo un tesoro finalmente en la encrucijada de dos sueños que nadie hubiera aconsejado seguir, pero que descubre su verdadera naturaleza en un juego de espejos que lo equipara con la falta de escrúpulos del «Negro Bernal», que se revela como su verdad — asesino capaz de todo por su codicia — después de haberlo cuestionado desde su moral construida en una vida normal que se desmorona cuando es despedido sin posibilidad de mantener una casa plena de emoción, que lo obliga al apego que lo convertirá en lo que él cree que no es cuando le dispara al sereno y deja al «Negro Bernal» en una muerte infernal en las mandíbulas de esa jauría de dogos de la que Vaca huye solo para reconocerse como aquello que detesta, en un espejo que le devuelve su avaricia disfrazada de recuerdos de su familia que hace su accionar aún más despiadado, desenvuelto en un penoso reconocimiento luego de su periplo, como si el conocimiento de sí, que Sócrates suscribiría, consistiera en ponerse a prueba en el mismo terreno que se aborrece, para desnudar las spinozianas ideas inadecuadas, que abren paso, luego de confesarse como origen del mal, a un entendimiento que iguala todo en Dios, al final de un rodeo que muestra la inutilidad de los juicios, ciegos de nosotros mismos sujetos a su propia cancelación cuando cada acto se nivela con su contrario para convertirnos en un chasquido de los dedos, en una Piedra, sujeta como cada uno a un tironeo de fuerzas que pueden hacer arrodillar al Emperador.