

La existencia impredecible
«Nada de lo que hacemos o experimentamos —si la teoría es correcta— está sin tocar por nuestras propias expectativas…» “En cambio, toda experiencia humana es en parte fantasma — el producto de predicciones profundamente arraigada»…”Cada aspecto de nuestra experiencia diaria nos llega filtrado por redes ocultas de predicción — la mejor expectativa del cerebro arraigadas de nuestras propias historias pasadas.»…»Esto significa que podemos, a veces, cambiar como sentimos cambiando lo que nosotros (consciente o inconscientemente) predecimos.»…»…This crucial work [C. Shannon] mostró que un texto en inglés podía ser codificado de una manera muy eficiente, en forma comprimida, explotando la predictibilidad entre letras y palabras… La belleza de este procedimiento es que transmitiendo solo unos pocos bits de error, un rico contenido (tal como una imagen o mensaje) puede ser reconstruido.» (De «The Experience Machine», por A. Clark)
La reminiscencia — radicar el conocimiento en lo que siempre ya ha sido (que, dicho sea de paso, trae consigo la eternidad de un universo cuyo despliegue le trae problemas a la física) — es la manera en que Platón se extrae de su propio pozo, construido con gran simpleza por la razón de Meno, que presenta la imposibilidad del conocimiento en el reconocimiento de la impracticable búsqueda de lo que no se sabe (sin sorpresa, se puede ver este intríngulis como un perfil oculto al estilo del huevo de la serpiente – en la pesquisa de los físicos que especulan ontologías desde la intuición, para acudir luego al pool infinito de soluciones matemáticas (la curvatura del espacio-tiempo viene primero y en su ayuda las matemáticas de Riemann, etc) o los que prefieren seleccionar de los infinitos sistemas matemáticos para seguir a Procusto y su cama en el acomodamiento de la realidad (ambos métodos emparentados en lo profundo en la arbitrariedad de su elección, cuyo éxito depende en las manipulaciones que pueden ser desprendidas, alejadas años luz de cualquier ontología), aporía que como es habitual, de edulcora convenientemente, relegándola a un detalle en el que no vale la pena detenerse, convirtiendo a la iniciativa de Shannon en la muestra fiel de lo que está en juego, en la marginación del error, solo presente para ser corregido y rellenado para convertirlo en útil – hasta las plataformas de música han monetizado este efecto, ahorrando bits que aporta el receptor que no recibe ningún retorno por su contribución – evitando su manifestación como el verdadero fantasma, capaz de desplazarse a una velocidad tal que solo la denostada demora es capaz de ensimismarse en la existencia impredecible.