La transacción calculada

Screenshot
Screenshot

La transacción calculada 

«Sin embargo la tarea fundamental del cerebro es ayudarnos a mantenernos vivos, y eso significa actuar en un mundo complejo e incierto. La acción es donde la goma toca el asfalto – donde el alto costo metabólico de tener un cerebro debe realmente justificar su mantenimiento en la evolución.»…» Las acciones son simplemente la forma del cerebro de hacer que sus propias predicciones propioceptivas se hagan realidad.»…»Según el esquema de procesamiento predictivo, el resultado de la imagen genera (en el jugador hábil) el conjunto adecuado de estados sensoriales predichos, que (al no ser reales) a su vez generan una cascada de errores de predicción cuya corrección automática y fluida luego ejecuta el golpe, el swing, u otra acción.» (De «The Experience Machine» por Andy Clark) 

La teoría de la evolución – como toda teoría – presta su esquema a variadas narraciones (no hay distinciones en los grados de libertad ofrecidos por las disciplinas auto-consideradas «duras» – basta indagar solo un poco en la inexistencia del tiempo en la mirada de Barbour de la relatividad o (entre muy numerosas y dispares ideas, de los que los modernos podcast de ciencia dan testimonio) el «many worlds interpretation» de Hugh Everett, pensado para salir del embrollo sin resolver de la mecánica cuántica (para no hablar de los análisis estocásticos para emanciparse de las probabilidades de la función de onda o de las variables ocultas, etc) – de paso, no deja de ser sorprendente el retorno de lo reprimido cuando hace su reingreso (aunque sabemos que nunca se ha ido, aún soportando algunas pies encima) la metáfora para dar vida a unas fórmulas seleccionadas por su elegancia del conjunto infinito de algebras posibles (el juicio que se barrunta defintivo de los resultados en la manipulación ingresa dentro de ese vórtice interminable de exégesis que puede afirmar y negar la existencia del eter en el experimento de Michelson)), por ejemplo, tiñendo a Darwin con teleologías escondidas, llegando a la audacia de adjudicarle al cerebro la misión de la supervivencia, que ya está más que cumplida con las bacterias, con presencia antes y con grandes probabilidades, después de la humanidad, recomponiendo la evaluación a cada paso como modernos sofistas multiplicados geometricamente por ausencia de sus depredadores, con afirmaciones sobre relatos de ficción que no quieren serlo, apelando a la naturalidad que produce la mención de un retorno en la lógica drástica del intercambio, para construir un alambicado sistema de correcciones bizarras que tiene como uno de sus efectos secundarios la eliminación del pliegue que sobrevivene ajeno a la transacción  calculada.