

La transformación
«… algunos individuos parecen más capaces que otros para beneficiarse de intervenciones estilo placebo, más generalmente, de prácticas e intervenciones designadas a alterar sus propias (mayormente inconscientes) predicciones. Tales individuos son expertos en lo que se ha llamado ‘control fenomenológico’ – la capacidad de ejercer un tipo de control inconsciente sobre la forma de su propia experiencia… Mucho que fue previamente descartado como mero ritual ahora puede encajar como parte de como tratar a los seres humanos cuyas expectativas de dolor y alivio son en sí mismas una parte importante de la matriz causal que entrega su propia experiencia vivida…». «De esta [talk therapy] y muchas otras maneras, el uso cuidadoso del lenguaje tiene la capacidad de llegar al corazón de la ‘experience machine’ «…»Durante dos años (un experto en informática con una vida envidiable pero que sentía vacía) vivió su vida según una serie de algoritmos de aleatorización. Un generador de dietas le decía que comer, un agente de viajes algorítmico escogía la ciudad donde viviría…, una lista de reproducción aleatoria proporcionaba música para el viaje…» (De «The Experience Machine», por Andy Clark)
Cuando se habla del lenguaje, la ciencia parece entrever un horror escondido (probablemente la búsqueda del lenguaje ideal de testimonio en su misma búsqueda condenada a una derrota de antemano, taponando agujeros que se multiplican geométricamente cuando se cree haber obturado la pérdida, (un impracticable malabar con infinitos platos chinos), que propulsa la búsqueda de explicaciones repetibles, hasta atreverse a la potencial promesa del dominio del inconsciente (incluyendo a Freud con su frase de la que algunos subversivos todavía se avergüenzan: «Wo Es war, soll Ich werden» – «Donde Ello estaba, el Yo debe estar»), al que Lacan declaró estructurado como un lenguaje, ensimándolo a una complejidad infinita, cerrando la puerta a todo intento de interpretación definitiva que sin embargo busca su lugar, tambaleándose en cada decepción para regresar con otro juramento, como un zombie al que no se le permite morir, pero al que a veces se puede engañar en medio de un torbellino estático, apelando a la literalidad de un Manual, como si se tomaran prestadas las armas del enemigo, que indica cada paso con la certeza de un oráculo, ajeno a teleologías desde el centro de lo ineluctable (¿no es este el goce inconcebible que producen Macbeth y sus brujas?), desprendiendo en cada trazo ese fantasma que tiene la increíble capacidad de transformar todo en arte y en ética.
Have you ever seen
This shade of green
(Beatie Wolfe, Brian Eno)