

El dinamismo inmóvil
» En lugar de concentrar nuestra atención en la acciones, la comedia la dirige más bien a los gestos.»… «La acción es intencional o, en cualquier caso, consciente; el gesto se desliza inconsciente, es automático. En la acción, toda la persona está comprometida; en el gesto se expresa una parte aislada de la persona, desconocida o al menos aparte de toda la personalidad.»… «La insociabilidad en el intérprete e insensibilidad en el espectador: tales en una palabra, son las dos condiciones esenciales.»…» La 3ᵉʳ condición es automatismo.» …» Al organizar la risa, la comedia acepta la vida social como un entorno natural, incluso obedece a un impulso de la vida social. Y en este sentido le da la espalda al arte, que es una ruptura con la sociedad y un retorno a la naturaleza pura.»( De» Henry Bergson Premium Collection»
» ‘¿A dónde vas?’ pregunta uno de ellos ‘A Cracovia’, responde el otro ‘¿Ves lo mentiroso que eres? ‘- salta indignado el primero – ‘Si dices que vas a Cracovia, es para hacerme creer que vas a Lemberg. Pero ahora sé que de verdad vas a Cracovia. Entonces ¿ para que mientes?’ «( De» El chiste y su relación con el inconsciente» de Sigmund Freud)
Parece ser que las acciones requieren el acompañamiento de todo el ser (cualquiera sea su definición) inserto dentro de una corriente flexible, aparentemente apropiada a la vida que exige esa ductilidad, como el agua que busca su cauce y aborrece de los diques, mientras que el gesto, completamente aislado, es objeto de la risa convertida en su antídoto (el bullying no era condenado en los inicios del siglo XI, lo que nos da una nueva prueba de la dependencia de todo sistema de su propia e invisible época, una razón mas para evitarlo), inspirando el escarmiento y con él la disuación (la risa como policía social no parece tener la debida justicia), contraponiéndola al arte que aparentemente tiene. el privilegio del acceso directo a lo que es, lo que nos pone en la pista de una inesperada contradicción, con la acción del lado social y el gesto condenado por su fijación, dejando al arte vacío, obligándonos a restituir al gesto a su dimensión liberadora perdida en el análisis, demostrada magistralmente en el chiste que Freud nos regala, concentrando en una sola y misma cosa la verdad y la mentira, señalando en la misma inmovilidad el dinamismo más extremo, rompiendo de una vez con el dualismo que por la constancia y reiteración de sus cultores se ha convertido en su propio contrario, abriendo la puerta para que declaremos a esa misma inversión como la nueva mentira.