El disfraz esencial

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El disfraz esencial

«Cuanto más completa se ha hecho la suma de las condiciones que, cuando sabidas, hubieran permiti­do predecir la acción futura de Peter, más cerca se convertiría la comprensión de su existencia y mas te acercarías a vivir su vida otra vez hasta sus más mínimos detalles: así llegarías al mismo momento cuando, tomando lugar la acción, no habría nada ya que predecir, sino solo algo para hacer.»… «Toda pre-visión es en realidad visión, y esta visión tiene lugar cuando podemos reducir tanto como queramos un intervalo de tiempo futuro mientras se preserva la relación de sus partes entre sí, como su­cede en el caso de las predicciones astronómicas.» (De «Henry Bergson Premium Collection»).

«… le molestaba que el perro de las tres y catorce ( visto de perfil) tuviera el mismo nombre que el perro de las tres y cuarto visto de frente)». (De» Fu­nes el memorioso» de J. L. Borges)

Nadie como Funes para mostrarnos en el caso imposible que él representa (si fuera un símbolo la red del lenguaje hubiera podido enrostrarnos su éxito) el significado indescriptible de la dura­ción bergsoniana, ajena a la medición en la heterogeneidad de un despliegue que no admite secuencia, solo acto en progreso, pura verdad frente a la apariencia a la que el espacio quiere reducir todo, contando con la presión asfixiante de la supervi­vencia que exige cálculo, y que paradójicamente nos arroja a su contrario (¿pero se trata de una paradoja o una condición de lo real, extraña nuestra tradicional lógica?), anulándose en el mismo momento de su postulación, convirtiendo el universo en hecho instantáneo y geométrico, en donde todas las posiciones desde el Big Bang (podemos tomarnos de vez en cuando la licencia que la ciencia nos permite cuando la apreciamos como metáfora) son siempre ya exhibidas, sin necesidad de un despliegue en apariencia vano y estéril (¿no es esta la teoría de Julian Barbour?) ávido de tiempo que a esta altura podríamos juzgar como un accesorio innecesario para el ser que ya es completo en un solo punto aunque en otro giro inesperado nos damos cuenta que la trayec­toria que acabábamos de despreciar por inútil, es al mismo tiempo el punto aquel que aborrece de su propio desarrollo pero que sin el valor de confesarlo, se entrega una y otra vez, después de cada síntesis brutal en la que creemos verlo todo con cla­ridad inusitada, a sus disfraces que son su propia esencia.