

Repetición y diferencia
«Pero cuando tenemos que determinar un estado futuro de consciencia, por superficial que sea, ya no podemos ver los antecedentes en una condición estática como cosas; debemos verlos en una condición dinámica como procesos, ya que solo nos preocupa su influencia.»…» Aquí no podemos hablar de condiciones idénticas, por- que el mismo momento no ocurre dos veces.» (De “Henry Bergson Premium Collection»)
«Inútil agregar que no encaró nunca una transcripción mecánica del original; no se proponía copiarlo. Su admirable ambición era producir unas páginas que coincidieran palabra por palabra y línea por línea con las de Miguel de Cervantes.»..(De «Pierre Menard, Autor del Quijote», de J. L. Borges)
La salida de la aporía de Aquiles empecinado en ganarle una carrera imposible a la tortuga escudada detrás del cálculo, se presenta a partir de la postulación, una vez más, de una dualidad (podríamos quizás hacer un inventario de dualismos y monismos a través de la historia que mostraría su inutilidad frente al proceso mismo de sus transformaciones sucesivas, perdidas para siempre en un «nombre de la historia de la filosofia») esta vez representada por los pares dinámico-estático, heterogéneo-homogéneo, duración-espacio, en definitiva, consciencia-materia (pero mas allá de la trillada crítica que pretende llenar de culpabilidad con buenos argumentos a quien pretende comunicar lo estructuralmente en apariencia incomunicable, (¿no es la materialidad de los denostados puntos de llegada y de comienzo, plenamente en el ámbito del espacio, imprescindibles para que el proceso retumbe?) que se desprende de la infinita divisibilidad de las dimensiones para enfocarse en la creatividad interminable del trayecto pero al precio (siempre es saludable detenerse a pensar el precio que debe pagarse al momento de cualquier resolución, punto de despegue para una próxima aventura) de hundirse en otra infinitud, la que justamente hace del proceso algo inabarcable, justamente la que logra diferenciarse de las cosas esclavas del espacio, pero que, al mismo tiempo, expulsaría a la duración de los conceptos y la comunicación (» ’Mi empresa no es difícil, esencialmente’ leo en otro lugar de la carta. ‘Me bastaría ser inmortal para llevarla a cabo.’ «), aunque por uno de esos giros impensados, descubrimos que aquella lejana infinitud se revela en la aparente repetición al pie de la letra de párrafos del Quijote, convertida en absoluta creatividad en la pluma de Pierre Menard.