

La performatividad del texto
«Debes tomar las cosas por asalto: debes empujar a la inteligencia por fuera de sí misma por un acto de voluntad.»…»Y por haber tratado de evitar el aparente círculo vicioso que consiste en usa el intelecto para trascender el intelecto, nos encontramos girando en un círculo real, que consiste en redescubrir laboriosamente por la metafísica una unidad que comenzamos postulando a priori, una unidad que admitimos ciega e inconscientemente por el acto mismo de abandonar toda la experiencia a la ciencia y el conjunto de la realidad a la comprensión pura. Comencemos por el contrario, trazando una línea de demarcación entre lo inerte y lo vivo.» (De «Henry Bergson Premium Collection»).
Las aventuras del Baron Munchausen, desafortunadamente, regresan a nuestra consideración una y otra vez – al menos, a la de aquellos que persiguen la (también repetida) quinta pata del gato, sobre todo la que consiste en la proeza considerada imposible por toda persona bien pensante, de tomarse de la propia solapa para posibilitar el salto del charco del propio cuerpo, imagen que nos lleva una vez mas al misterio de la autoreferencia, que propele a su resolución a como de lugar (quizá no haya otro origen del palabrerío que la necesidad de salir de ese lugar imposible, como si nos asaltara una esperanza de origen desconocido que nos susurra una promesa de éxito inédita de la que el mundo será testigo), la mayor parte de las veces apelando a más y más disecciones, como si el procedimiento por el cual hemos vuelto a caer, por alguna mágica razón, pudiera convertirse en la solución, como por ejemplo la separación de vida y materia, como si después de interesantes razonamientos fuéramos de todas maneras ciegos a la evidencia de otro intento fallido (¿no nos mostró Freud esa fuente inagotable de cegueras que impiden la cura?), probablemente obstinados en ese lenguaje que pretende comunicar para continuar con nuestro libro, lo que nos hace caer en la cuenta de un nuevo significado para la performatividad de los textos que subrepticiamente nos propuso Wittgenstein (y afortunadamente muchos otros), a saber, el que se desprende de la escritura que es prosa y a la vez poema, claridad a la vez que tinieblas, augurio de linealidad entremezclado con los más critica dos alambiques y laberintos, y que, en un rapto de alegría, entrevemos como una iluminación que otra vez se nos ha escapado de entre nuestros dedos.