Lo aparente y lo último

Screenshot
Screenshot

Lo aparente y lo último

«Pero por la dialéctica – que es solo una relajación de la intuición – muchos acuerdos diferentes son posibles, mientras que solo hay una verdad. La intuición, si pudiera prolongarse mas allá de unos pocos instantes, no solo haría que el filósofo es­tuviera de acuerdo con su propio pensamiento, sino también que todos los filósofos estuvieran de acuerdo entre sí.» (De «Henry Bergson Premium Collection»).

Difícil encontrar la brillantez que este párrafo presenta, concentrando casi performativamente (¿no es quizás la forma de conducir verdaderos pensamientos filosóficos, por fuera de la aburrida conversación académica?) dialéctica, verdad y filosofía, mostrando (y esta es la forma que a algunos nos han enseñado, ajena a los sistemas o grandes tratados, casi al borde de la literatura menor, ajena a las citas (siempre recordamos la tradición oral de los grandes filósofos – como si la oralidad le permitiera a Sócrates, por ejemplo, contradecirse en libertad) y los exámenes univer­sitarios), de un solo golpe como las 3 se relacionan en un momento iluminado, con la dialéc­tica comprometida a una inevitable apertura que desgrana una verdad única (y quizá los fana­tismos consistan en el intento de traducirla sin resto al sentido común o a la ciencia, que es lo mismo) a lo largo del tiempo que se desenrolla para volverse a plegar, proceso que a la vez de obstáculo, es la misma liberación (también aquí encontramos la raíz de la idea de 2 mundos sepa­rados, constituyendo el más cercano – siempre lo más cercano es al que le adjudicamos el defecto, desvío bastante religioso si se quiere – la verdad aparente que deberíamos descartar para dar paso a la misteriosa verdad última( que ‘a su vez da origen al dominio de los que saben), generando automáticamente una trascendencia que nos ale­ja), presentando genuina ironía en el intento de seguir explicando (la dialéctica como pulsión demasiado humana, con más fuerza que la mas grandes compulsiones instintivas, origen, quizá, del mismo inconsciente que nos acecha, justamente, como Lacan nos enseño, desde el mismo lenguaje), cuando, al fin del día, llegamos a la conclusión que lo único que hay es este aparente y a la vez último párrafo.