

La expulsión de la materia
«Veremos que las posiciones sucesivas del cuerpo en movimiento realmente ocupan el espacio, pero que el proceso por el cual pasa de una posición a la otra, un proceso que ocupa la duración y que no tiene realidad excepto para un espectador consciente, elude el espacio. Tenemos que vérnosla aquí no con un objeto, sino con un progreso: el movimiento, en la medida que es un paso de un punto a otro, es una síntesis mental, un proceso psíquico y, por lo tanto, no extendido”…»Una síntesis que es, por así decirlo, cualitativa, una organización gradual de nuestras sensaciones sucesivas, una unidad que se asemeja a la de una frase de una melodía.»(De «Henry Bergson Premium Collection»).
La mecánica de Newton gobierna con eficiencia la instrumentalización del mundo, atando variables arbitrariamente para controlar aspectos de la realidad, cualquiera sea la definición que nos merezca (está claro que el espacio como caja o la velocidad dependiente del tiempo y viceversa son casos emblemáticos) y también es cierto que la evolución necesaria de la manipulación (de la que, por ejemplo, la atención a la creciente población mundial es un ejemplo – de paso evidenciar la miopía de los que ejercen la clarividencia aplicado a las pitonisas modernas que se ocupan de la economía y, en general, del destino que nos espera) imposible si tenemos en cuenta la incapacidad manifiesta de incluir en los análisis la inabarcable dinámica del universo (¿ cómo hubiera podido factorear Malthus el crecimiento geométrico del procesamiento de información cada 2 años, en su afirmación «No todos podrán sentarse a la mesa de la vida”?) – ) exige, entre otras cosas, los cambios de paradigma. en las ciencias( Kuhn dixit), aunque mas allá de estos fenómenos provinciales (aunque la ciencia se auto perciba universal, su estrechez es evidente), la metafísica de 2500 años todavía nos obliga a pensar (¿no son esos acertijos eternos lo que nos mueven, que son esencialmente otros que las conjeturas matemáticas de Hilbert y la ilusión de sus soluciones?) el dilema de lo uno y lo múltiple, epitomizado por esa flecha de Zenón que no se mueve instigando a la propuesta bergsoniana de la introducción de la duración como una melodía que encierra su verdad sin medición posible en cada nota, pero al precio de postular una materia arbitrariamente expulsada de esa magnífica danza.