

La explicacion de todo
«Solo una cosa no hay
Es el olvido
Dios que salva el metal
Salva la escoria
Y cifra en su profética memoria
Las cosas que serán
Y las que han sido»
J. L. Borges
«Sí, yo creo ciertamente que toda nuestra vida pasada está allí, preservada aún en los detalles infinitesimales, y que no olvidamos nada y que todo. lo que hemos sentido, percibido, pensado, deseado; desde el primer despertar de nuestra consciencia, sobrevive indestructible mente.»…»Ante estos bizarros ensamblajes de imágenes que no presentan significa dos plausibles, nuestra inteligencia (que está lejos de abandonar la facultad de razonamiento durante el sueño, como ha sido afirmado) busca una explicación, trata de llenar la laguna. Las llena llamando a otras memorias, las cuales, presentando ellas mismas a menudo las mismas deformaciones y las mismas incoherencias como las que las preceden, demandan a su vez una nueva explicación y así indefinidamente.» (De «Henry Bergson Premium Selection»).
La mariposa de Zhuang Tse ha sido pionera en mostrarnos el vaivén abismal de. nuestros pensamientos, no solo en la imposibilidad de decidir sobre su identidad, sino, de forma aún mas inquietante, en la duda hiperbólica de nuestras interpretaciones (Descartes lo retomará limitando su alcance con Dios para evitar la locura), sujetas todas – según parece en este fantástico párrafo – al infinito equipaje de nuestra memoria (¿no es el Funes de Borges la continuación del pincel de Bergson, que da muestra una vez mas de la inexistencia de una antojadiza frontera entre filosofía y arte?), agazapada y siempre al acecho, buscando la excusa para anclarse («Padre, entonces, no ves que estoy ardiendo?», es la frase que resuena con una potencia inusitada, rescatada por Freud, que tampoco puede asegurarnos la limpieza de un significado, toda vez que en su dilucidación participan las series interminables de su paciente y de él mismo) y comenzar-continuar, el peregrinaje a través de las palabras que desde ya, siempre, han perdido todo su poder de comunicación para transformarse en otra cosa que a su vez se transforma en otra, aparentemente escindiéndonos en dos mundos opuestos y contradictorios, uno en el que lo que queremos decir es completamente incierto y el otro que inexplicablemente nos hace correr el albur que en algún lado, en alguna letra, encontraremos lo que explica todo.