La ubicuidad de la inversión

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La ubicuidad de la inversión

«Debemos, por un fuerte rebobinado de nuestra perso­nalidad sobre sí misma, reunir nuestro pasado que se está escapando, con el fin de empujarlo, compacto e indiviso, en un presente que él creará en su entra­da. De hecho son raros los momentos en los que somos auto poseídos hasta ese punto: es entonces cuando nuestras acciones son verdaderamente libres. E incluso en esos momentos no nos poseemos completa­mente a nosotros mismos.» (De «Henry Bergson Premium Collection”)

«Entonces podemos decir que el aburrimiento y la sobretensión forman los límites mas allá de los cuales el lector dejará el campo de juego.» (Wolfang Iser)

Parece ser que ese punto matemático (ajeno al espa­cio que lo temporizaría fuera de la duración, imprescin­dible de conservar en esta presentación – la manera de materializarlo no nos es dada), es esa punta de filo infinito capaz de ingresar creando, dando lugar al futuro impredecible (recordemos que la duración que ese punto lleva en su espalda reniega del princisio de razón suficiente – y aquí, la separación esen­cial del universo Laplaciano es incierta, toda vez que se nos hace difícil diferenciar la confusión que caracteriza a la duración (nada hay claro y distinto en esa región) con los infinitos datos (y nos referi­mos a infinitos cantorianos, creciendo en su magni­tud) necesarios para predecir con exactitud), que nos absuelve del temido determinismo (y ante la pregunta de por qué el temor caemos en la cuenta, con un sesgo un tanto pragmatista, que la figura no mueve la aguja de nuestras vidas – el calvinismo anuló todo efecto al declarar que si bien la predestinación es un hecho, Dios descuenta nuestro accionar para llegar a su reino (en suma no nos es permitido dor­mirnos aún sabiendo que todo será como deba ser)), aunque se nos dice que habitar ese no-lugar de plena libertad («Todo lo excelso es tan difícil como raro», nos dijo Spinoza, que aquí podríamos traducir como unheimlich) es en la práctica imposible, que nos hace girar una vez más, esta vez sobre el eje de Iser que nos delimita un campo bastante conoci­do por todos nosotros, entre el aburrimiento a la sobreexcitación (¿no ha hecho famoso el manual de la DSM – ¿hay algo más comoditizador en el terreno de la psiquiatría? – la simpleza del diagnóstico de la bipolaridad?) que solo es creado cuando lo que en lo real es una y la misma cosa, se despliega dándonos la oportunidad de asistir a la ubicuidad de la inversión.