El alcance de nuestras manos

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El alcance de nuestras manos

​»Por lo tanto las obras más excelentes de cada arte, las producciones más nobles de genios, deben siempre seguir siendo libros sellados para la mayoría de los hombres.» … «Suponiendo que fuera posible dar una explicación perfectamente precisa y completa de la música, extendiéndose incluso a los detalles, es decir una repetición detallada de los conceptos de lo que expresa, esto también sería una repetición y explicación suficientes del mundo en conceptos, o al menos completamente paralela a dicha explicación, y por lo tanto sería la ‘verdadera filosofía’.» (De «Works of Arthur Schopenhauer»)

​La música es el epítome de la cosa-en-sí, sin intermediarios (las otras artes, como la pintura, deben apelar a la Idea, que es a su vez lo que objetiviza la Voluntad — Schopenhauer las deriva de Platón, aunque apartándose de su influencia, aboliendo su multiplicación, nos da como ejemplo el juego de la gravedad y de la impenetrabilidad de los cuerpos, que deberíamos tomar en metáforas para no caer en fisicalismos de moda — mediatizándola a través de las fuerzas inefables que hacen crecer los cristales en direcciones definidas, llegando a las causas por las cuales los tigres cazan gacelas y los hombres hablan (aunque en este punto de llegada excelsa — Schopenhauer no puede evitar cierta teleología — nos da la maravillosa imagen de la obra dentro de la obra que nos regala Hamlet)), y es la música la que le permite una analogía maravillosa que destruye su propio esfuerzo, porque la «verdadera filosofía» es aquella quimérica disciplina que calcaría sin perder un solo detalle — parecida a la impracticable e inútil cartografía aplicada sobre el mismo terreno que se desea mapear — cada nota, cada armonía, cada melodía; únicas capaces de tocar lo intocable, degradando a «la filosofía posible» a un manejo de conceptos que se parece demasiado a la manipulación de los sistemas de los que pretende apartarse, y quizás sea esa declarada impotencia la que se rinde ante la elitista idea de la «iluminación» para unos pocos elegidos, privilegios que caerían si fuera posible la revolución que le otorgara democráticamente a la filosofía, a la pintura, a la música, a la ciencia, a una conversación, el poder de revelar lo que en definitiva está al alcance de nuestras manos.