El reflejo de la sombra de un fantasma

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El reflejo de la sombra de un fantasma

​“El concepto de voluntad, por otro lado, es de todos los conceptos posibles el único que tiene su origen no en lo fenoménico, no en la mera idea de la percepción, sino que viene de dentro y procede de la conciencia más inmediata de cada uno de nosotros, en la que cada uno de nosotros conoce su propia individualidad, de acuerdo con su naturaleza, inmediatamente, aparte de toda forma, incluso la de sujeto y objeto, y que al mismo tiempo es esta individualidad, porque aquí el sujeto y el objeto del conocimiento son uno.” (De “Works of Arthur Schopenhauer”)

​Schopenhauer nos señala que no hay nada en este mundo fenoménico que pueda traducirse a algo más que a alguna habilidad instrumental, atada cada una de todas las disciplinas posibles a esa cadena interminable de causas y efectos esclavos como somos al principio de razón suficiente (¿y no son estas líneas también deudoras del mismo inescapable principio?), pero intuye (quizás influenciado inconscientemente por su maestro Kant) que hay algo más de lo que puede dar cuenta, esta cosa en sí que no quiere resignar a lo incognoscible, rebelado contra ​su propio maestro (¿no es esto también y secundariamente una prueba más del motor que pone en funcionamiento el esfuerzo de despegue de todo aquello de lo que uno es deudor?), cayendo una vez más en la trampa que la comunicación nos tiene preparada cada vez que pretendemos fugarnos de la ilusión a través de una certeza que irónicamente se deshila al mismo momento que la vislumbramos clara y distinta, porque no encuentra mejor explicación —¡pero no es que toda explicación está en el terreno fantasmal del que queremos escabullirnos!— que apelar a la consciencia inmediata, definitivamente fuera de toda posibilidad de prueba (¿cómo sabremos que esa inmediatez no es un engaño, resultado de mil tamices?), aunque quizás sea una nueva forma de que definitivamente reconozcamos que si existe la posibilidad de verdad, siempre será ajena a la estridencia de un sistema, al bullicio de los que saben, al alboroto de los descubrimientos, con una afinidad tan débil a la sutileza que casi parecería ser el reflejo de la sombra de un fantasma.