

La modelización de lo Real
“En términos psicológicos o personales, esta percepción metodológica es reflejado en el existencialismo, cuyo leitmotiv —la prioridad de la existencia por sobre la esencia— es por cierto simplemente otra forma de decir la misma cosa, y de mostrar como la realidad vivida se altera en función de la “elección” que hacemos de ella o de las esencias a través de las cuales la interpretamos: en otras palabras, en función del “modelo” a través del cual vemos y vivimos el mundo.” (De “The Prison-House of Language”, por Frederic Jameson)
Aunque Kant ya nos alertara del inevitable tamiz con el que filtramos la “realidad” —nuestras intuiciones de espacio-tiempo y las categorías de nuestro entendimiento— de todas maneras preservaba el carácter diacrónico y universal de nuestra razón pura, lo que permitía una base lo suficientemente adecuada para el armado de una Ética (de paso, ¿soportaría la razón pura la recurrencia de aplicar su propia definición a sí misma, a la manera del “Halting Problem” de Turing?), recurso que el existencialismo deshecha al trastocar el orden en existencia-esencia, exponiendo a la razón a la historia, ajena a todo trascendentalismo, y en ese abordaje desfigurar ese fondo común fundamento para la construcción, dejándonos librados a una variabilidad sin límites; aunque recibimos una impensada ayuda de lo que en principio es una imposibilidad, que es la de poder elevarnos sobre los supuestos en los que vivimos, totalmente opacos para quien pretende tomarse de la solapa para saltar el charco, porque el idioma que hablamos está hecho de aquellas certezas que no distinguimos (¿cómo podemos analizar nuestras motivaciones siempre detrás de lo visible?) — y que seguramente, más tarde o más temprano, serán derribadas — pero que compartimos con la sociedad en la que vivimos (cuáles son sus límites se convierte también en un problema dialéctico indecidible) que nos ofrece a la vez el reflejo que nos permitirá desenvolvernos, literalmente, a nosotros mismos.