

El farsante
«Sabían que tenían una figura notable [Feynman], un científico que se enorgullecía no de sus logros – esto estaba profundo en el fondo – sino de su capacidad a través de fraude y el fingimiento y dominar la vida cotidiana…» ‘Tontos pomposos’ – tipos que son tontos y lo cubren todo e impresiona a la gente con lo maravillosos que son con todo ese hocus-pocus – ESO NO LO SOPORTO!», dijo Feynman. ‘Un tonto ordinario no es un farsante; un tonto honesto está bien. Pero un tonto deshonesto es terrible…”.”Por qué tantos campos superpuestos, tantas simetrias rotas – parecían – como necesarias para acomodar las datos? Números cuánticos como color y encanto podrían ser simplificaciones elegantes o podrían ser bandas elásticas de última hora aplicadas a juntas que habían amenazado con soltarse». (De «Genius:The life.. of R. Feynman», por J. Gleick)
Cuando resulta contradictoria la lectura de ideas que provienen del campo supuestamente unificado de algún yo, se apela a la posible separación siempre a mano, de épocas – famosos son el primer y segundo Wittgenstein (en realidad la pregunta pertinente es por qué no un tercero o on cuarto, etc, potencialmente factibles de detectar en cada frase?), para no hablar de Heidegger etc – ávidos siempre (casi como esa inevitable propensión de las cosas (o como se llamen) a transitar sin queja el principio de menor acción, que sin duda es una tortuga intermedia en la pila interminable) a mirar el dedo que señala, aterrorizados, de seguir con la mirada lo que nos intenta mostrar on plena contradicción, tendencia de la que se saca provecho también con Sócrates en su lucha contra los sofistas (el segundo o el tercer o cuarto Socrates, con la copa de cicuta en su mano, aplicará una interesada indulgencia al reconocer, sin revelarlas, sus incómodas similitudes), cruzada que pretende una separación clara entre el sol y su sombra que lleva implícita como su doble la tentativa, de su propia abolición (no es el impossible escape de la caverna el que abre el paso a la anamnesis que debe reconocer qu nunca hemos estado allí?), dando lugar dos mil años después (sin duda sufriendo metamorfosis que la dejan indemne en cada instante) al ‘Les non-dupes’ errant», de Lacan que desalienta cualquier agudeza al convertirlo en su propio enemigo (Nagarjuna había encimado lo aparente y lo final, haciéndolos indiscernibles), trayecto que podría traernos la gracia del instante borroso en el que vemos a Feynman como un farsante.