

«La idea de la muerte requiere un contrapeso, y ese contrapeso – dejando a un lado la gracia – sólo puede ser una mentira. La imaginación que llena el vacío es esencialmente mentir… «Cuando te decepciona un placer que has estado esperando ya está aquí, la causa de la decepción es que has estado esperando el futuro…. «Salir de la cueva, estar desapegado, es dejar de mirar el futuro. Un modo de purificación: rezar a Dios, no solamente en secreto de los hombres, pero en la creencia que Dios no existe. Piedad por
los muertos: hacer todo por lo que no existe. …Filosofar es aprender a morir. Eso es por que ‘rezar es como la muerte’.»…»Era difícil ser fiel a Cristo. Era una lealtad vacía. Mucho más facil ser fiel a Napoleon hasta la muerte. Fue mucho más fácil para las mártires ser fieles más tarde porque ya existía la Iglesia, una
fuerza, can promesas temporales.» (De Gravity and Grace», por Simone Weil)
El proceso de abstracción que la física ha experimentado, ha dado lugar a repensar sus objetos (aunque desde una óptica acérrimamente foucaultiana, sus perfiles se delimitan por la misma disciplina creada, no podemos no conceder al menos un reflujo, en analogía del Frankenstein de Shelley, interpelación en espejo a la ciencia que ya en el siglo XIX despuntaba como todopoderosa), compartidos peligrosamente con las matemáticas, intentando regresar a los sentidos (cualquiera sea la cosa que sientan) , al precio de interpretaciones que la liguen al mundo (dicho también en su acepción más vaga), esforzándose en quitarle el halo misterioso a la fisica cuantica – desembocada en un desvario insostenible de n-dimensiones y colapsos inexplicables de ondas que solo pueden presentarse en la forma de ecuaciones – aunque debe reconocerse un fenómeno análogo en metafísica, cuando se ve a Marco Aurelio chapotear en el dilema insoluble de su estoica disolucion, unica capaz de ofrecer una etica conmovedora y su rol de emperador, ávido de calculo, ofreciendo en sus meditaciones el truco que nadie puede evitar – ni siquiera Sexto Empirico, con su escepticismo escrito que no admite auto-referencialidad -, a saber, cercenar arbitrariamente el hilo de sus razonamientos en un punto de descanso que permita el reagrupamiento de un entusiasmo condenado a ser mentira (siempre habrá buenas razones contrarias a las decisiones mundanas cambiando la linea punteada), corte que solo puede ser evitado en el coraje que encima el vacio de lo que no exciste con el empeño de dar lugar a la gracia.