

El olvido del juego
«El no creía en Dios..era un descreimiento determinando, fríamente racional, una convicción que las mitos de la religión engañaban al conocimiento.»…» Encuentro difícil entender en mi mente que significa amarte después que estás muerta – pero todavía quiero reconfortarte y cuidarte – y quiero que me quieras y me cuides”…”Una nota en un paper de Dirac de 1933 le había dado a Feynman una clave crucial hacia su descubrimiento de una versión de mecánica cuántica de la acción en mecanica clásica. ‘Es ahora fácil ver cual debe ser el análogo cuántico de todo esto’, había escrito Dirac’… «Feynman descubrió que el análogo, era, de hecho, proporcionalidad exacta…. «Mientras el plato giraba, se tambaleaba.».. Sin embargo, justo en ese instante le parecía – o era su intuición de físico?- que las dos rotaciones estaban relacionadas. El se había dicho a sí mismo que iba a jugar. (De «Genius: The Life… of R. Feynman”, por J. Gleick)
La idea de que el medio es el mensaje – llevada a la popularidad por Mc Luhan, afectando recursivamente su propia comunicación – despliega aristas no del todo exploradas (quizás a la manera de un fantasma, objeto de permanente exorcismo), relegando los significados a un nivel inferior de influencia o más bien haciendo del intercambio habitual solo la fachada a modo de excusa para el viaje de un polizón invisible que talla las vidas sin ser percibido, poniendo en duda a su vez cualquier grado de intencionalidad (es ya lugar común la convicción que no hay plan que garantice éxito, a pesar de recurrentes intentos para encubrirla), sujeta a vientos impredecibles, casi a la manera de la carta en una botella arrojada al mar – permaneciendo siempre el interrogante imprescindible de si llegará o no a su destino – vaciando de toda garantía las propuestas que derrochan voluntad (cantas silábicos para guiar la liturgia o melismáticos para el rodeo, ambos con la capacidad de esquivar la razón de su diseño para comportarse a la manera de un inesperado clinamen), dejando como resto una pureza lúdica dificil de admitir arrojadas a un mundo que instiga a la permanencia – qué perseverancia puede esperarse del juego esencialmente ingenuo? – que impide, can forzamientos diversos, equiparar religión y ciencia, y lo que es aún más escalofriante, ocultar en su evidencia la labilidad de nuestras teorías, casi a la manera que Saussure entrevio la arbitrariedad de nuestro orgulloso lenguaje, dejando en el olvido que la caracterización del spin de una partícula (o como se llame) es un simple juego.