Sin distinción

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Sin distinción 

«… cómo puede un hombre ser llamado completamente libre en el mismo momento y con respecto a la misma acción en la que está sujeto a una inevitable necesidad física?»…»Observamos aquí únicamente a la necesidad de conexión de los eventos en una serie temporal tal como se desarrolla de acuerdo a una ley física, ya sea que el sujeto en el que tiene lugar este desarrollo sea llamado autómata material cuando el ser mecánico es movido por la materia, o con el espíritu de Leibniz cuando es impulsado por ideas.» (De «The Critique of Practical Reason» por I. Kant)

«Sin embargo, si ensamblamos los elementos que pueden ser deducidos desde el material provisto por el soñador, los resultados del análisis preliminar, encontramos los siguientes fragmentos, que podrían ser usados como base para una reconstrucción: Un evento real – ocurriendo a una muy temprana edad – mirando – inmovilidad – problemas sexuales – castración – el padre – algo terrible.» (De «The Wolfman» por S. Freud)

Hay varias maneras de definir el «difícil problema, la solución del cual siglos han trabajado en vano» (y también encontramos en Kant esa extraña característica demasiado humana de pensar contra todo pronóstico y una cuota inmensa de hybris, que le ha sido dado a uno la resolución del enigma), una de las cuales parece graficar la idea con la precisión de una metáfora, esto es, la sirena de Penrose, con su cola hundida en el océano probabilístico cuántico y su torso en el mundo determinístico cotidiano, con sus términos reemplazables por diferentes pares, de acuerdo al área de interés, manteniendo la disparidad que impide la mezcla, como es el caso de Kant, reemplazando la imagen de abajo con el incognoscible noúmeno y la de arriba con el fenómeno, reflejando en una nueva forma el problema de su conexión, ahora necesaria para explicar la libertad, asumiendo el principio de razón suficiente en el piso superior que convierte al sujeto en cosa entre las cosas, golpeado aquí y allá con palabras, emociones, neuronas y mesas, en un amasijo que no distingue entre ideas y objetos, todos supuestamente trazables hacia atrás y hacia adelante (y este es un punto clave en la admisión de la causalidad, que hace lucir radiante a los fallos que cualquier intento de predicción presenta, tapados con la mano como si no se quisiera ver la endeblez de todo el tinglado), cadenas que también teje Freud aprez-coupe, llenando vacíos (aunque víctima siempre de elipsis de elipsis) con la particularidad de poner en escena series cruzadas hasta donde le da la longitud de su narración (hermana, gobernante, niñera, abuelo, las fábulas «Little Red Riding Hood», «The Wolf and The Seven Little Kids», etc.), dando una posible pista que cambia radicalmente el piso superior, transformándolo en un potencial caos, como el destino incierto de los bloques del ‘Juego de la Vida’, que es solo una pequeña muestra de los cruces inabarcables que no precisan de variables ocultas para dar por tierra con la tranquilizadora previsibilidad, impidiendo la distinción con lo que hay del otro lado de la frontera.