

La Libertad plegada
«La Libertad, sin embargo, es la única de todas las ideas de la razón especulativa de la que conocemos la posibilidad a priori (sin, sin embargo, entenderla), porque es la condición de la ley moral que conocemos»…»Yo simplemente remarcaré que la libertad es el ratio essendi de la ley moral, mientras que la ley moral es el ratio cognoscendi de la libertad.”…»Aquí primero es explicado el enigma de la filosofía crítica, viz.: como negamos la realidad objetiva al uso supersensible de las categorías en la especulación y sin embargo admitimos esta realidad con respecto a los objetos de la razón práctica pura.»…»De esta manera, la extraña pero cierta doctrina de la filosofía crítica especulativa, que el sujeto pensante es a sí mismo en intuición interna solo un fenómeno, obtiene en la examinación crítica de la razón práctica su confirmación plena y de una forma tan completa que deberíamos estar obligados a adoptar esta doctrina, aún si la primera nunca la hubiera probado.» (De “The Critique of Practical Reason”, por I. Kant)
En el medio de su exposición del emblemático caso de Emmy N., Freud trae un episodio que lo avergüenza, toda vez que lo piensa casi como la consecuencia de su rabia ante la impotencia de lograr la cura de una joven «muy viva e inteligente”, después de penosos cinco inútiles meses, que se concentra en una orden dada en el estado de hipnosis («No sé cómo pudo ocurrírseme la tontería de dirigir tal sugestión a un paraguas»), «Mañana por la mañana se le romperá el paraguas y tendrá usted que andar hasta su casa sin su auxilio, del cual prescindirá ya siempre en adelante», mandato ingeniosamente cumplido al pie de la letra por la paciente, poniendo de relieve cierta graduación en la ejecución de prescripciones, rápidamente rematadas cuanto más alejada esté del centro de gravedad de una angustia que sin embargo no para de moverse y que solo da pistas a través de manifestaciones del cuerpo que se desplazan sin cesar, con Freud y sus ambiciones de reconocimiento científico (aunque no puede negarse la valentía de exponer tímidamente su exilio en pleno nacimiento) interponiéndose a esa libertad a la que Kant le concede la virtud de un éter infinito en el que la especulación navega, surgida de estar arrojados al mundo, punto de origen imposible de obviar aún bajo el imperio de la duda hiperbólica que esta vez no desemboca en Dios para aplacar al genio maligno, sino en la generosidad permitida por un pliegue del fenómeno sobre lo Real, eso que poco después obligará a Schopenhauer a abrazar al upanishad al superponer la verdad última y la verdad aparente, otorgando a lo que aparece un nuevo prestigio, ganado en su función expresiva que contiene la libertad absoluta, capaz de ser mostrada antes que la disección especulativa, aliviando a Freud de sus errores, contemplados ahora como posibilidades, like everything else.