

La otra libertad
»Es una vieja fórmula de las escuelas: Nihil appetimus nisi sub ratione boni; Nihil aversamur nisi sub ratione mali…» las expresiones boni y mali son ambiguas, debido a la pobreza del lenguaje, en consecuencia del cual admiten un doble sentido, y por lo tanto, inevitablemente lleva a las leyes prácticas a la ambigüedad…”La expresión sub ratione boni es también ambigua. Porque puede significar «Representamos algo a nosotros mismos como bueno, cuando y porque lo deseamos; o «Deseamos algo porque lo representamos a nosotros mismos como bueno». (De «The Critique of Practical Reason», por I. Kant)
»En el día de su (de su amada) partida, él se atrapó el pie en una piedra que estaba en el camino y debió moverla al borde porque se le ocurrió que en pocas horas su (de ella) carruaje pasaría por el mismo tramo de camino y podría quizás ser dañado por esa misma piedra, pero unos minutos después se le ocurrió que esto era una tontería y debió regresar y devolver la piedra a su posición original en el medio del camino.» (De «The Ratman», por S. Freud)
En la película «La Gracia», Mariano, el anciano presidente de Italia a punto de retirarse, recibe los últimos dilemas de su mandato que experimentan la misma procrastinación que exaspera a sus colaboradores, acostumbrados a esa forma de proceder que lo ha hecho merecedor del apodo “hormigón armado» para reflejar su aparente inmovilidad que contra todo pronóstico le ha otorgado la chance de sobrevivir en el ambiente feroz de la política y a la vez ser amado, que consisten en dos indultos y la ley de eutanasia, los tres extrañamente emparentados por una pregunta subyacente que sin dimensionar su alcance, una de sus hijas arroja: «¿quién es el dueño de nuestros días?» que actúa a la manera de una suspensión del mundo, inundado de perplejidad, similar a la que nos impone el lenguaje pero que Kant atribuye solo al latín, agradeciendo la ventaja de hablar alemán, como si ese idioma fuera el fin de las tinieblas (curiosamente es lo mismo que pensaba Heidegger, mientras accedía a la dirección de la universidad de Friburgo, en el medio de la furia nazi) que le permite continuar construyendo su sistema que inevitablemente incluirá su propio reverso ahogado en su propia crueldad que pretende neutralizar con el parche del respeto (como si una hormiga pudiera sostener un edificio descomunal), ambigüedades que el Ratman (como todos) experimenta a cada paso, convirtiendo a sus decisiones en un verdadero infierno, cuando todas se le presentan recortadas con el mismo peso, tejiendo y destejiendo acciones huérfanas de fundamento, como si se empeñara en mostrar el sadismo del que la razón desinfectada es capaz a través de la legislación atroz que considera sinónimo de libertad (la catexis necesaria para la acción Freud las deriva al instinto), respaldando de alguna manera el apego al manual y la postergación interminable de su Letra, reconociendo en el infinito e ilegible código penal redactado por Mariano para nadie, la justificación de otra forma de ver la libertad.