El hierro disimulado

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El hierro disimulado 

«Waddington sugirió que los fenotipos son trayectorias epigenéticas extendidas temporalmente como opuesto a ser entidades que ocurren ‘un gen por vez’ o ‘una característica por vez.”…»Robustez y plasticidad como características de desarrollo opuestas sin embargo complementarias, entendidas en términos Waddingtonianos, como un proceso homeorético (como opuesto a homeostatico).” …»preformacionismo remodelado: la idea que los cambios de desarrollo consisten en un ‘despliegue’ o ‘desarrollo’ de algo que está ya presente y de alguna manera preformado…»…”los genes no actúan como guiones sino interactúan con sus productos transcripcionales y su entorno citoplasmático.”…”Waddington llamó ‘competencia’ al cambio de esta red, en la que el organismo puede cambiar su trayectoria de desarrollo. Sin embargo, cuanto más se desarrolla el organismo, más rápido pierde su competencia para diferenciarse más…»modelo de paisaje epigenético»…» Un chreod puede ser descripto «como un dominio multidimensional que contiene un vector de campo convergiendo en un atractor extendido en el tiempo’.» (De «Everything Flows,» ed Dupre, por Fabris) 

No deja de ser asombroso el paralelismo que invade a las disciplinas científicas en cortes temporales sobre todo en la utilización de las mismas intuiciones y hasta de las mismas palabras, como las que irrumpieron en el siglo XX (variables ocultas, landscapes, trayectorias, atractores, etc), utilizadas en ámbitos en principio distantes como la física y la biología, como si en un momento fuera necesario plegarse a un lenguaje para ser escuchado (dando pie a la reclamación de los constructivistas, destruidas ellos mismos en su propio reflejo), con la ventaja del amplio grado de libertad del que son dueñas las interpretaciones para encajar en el limitado mecano de la predicción, entre los que resaltan los que retoman la incertidumbre como base, conformando en una nueva escena (como en una misma interpretación que se repite indefinidamente en diferentes teatros) el juego de polos en complicidad con el determinismo, cada uno de ellos apelando a la prudencia para frenar un poco antes de convertirse en su contrario para no desilusionarse del gran comienzo que otorgan los flancos siempre descubiertos del adversario – el guión que guarda el ADN, con estados sucesivos de fotogramas aislados, recuerda la inmovilidad de la flecha de Zeno, siempre dispuesta a ofrecerse como prueba de un sinsentido -, desgastado luego de algún tiempo de reinado, acelerando el impulso para aceptar la evidencia de un flujo que ahora se cree invencible – ¿quién puede negar a esta altura la indivisibilidad del movimiento de la mano de Bergson? -, cuando ya muy cerca del sol, debemos acudir a variables ocultas acumuladas en los genes para el próximo salto fenotípico, con la continuidad de lo inseparable convertido otra vez en un paso de Aquiles, o a paisajes de canalizaciones que permiten el vaivén de lo impredecible al precio de una mochila de hierro, disimulada en su inabarcabilidad.