El agente perdido

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El agente perdido 

«Típicamente, los nuevos conceptos son definidos sobre los comportamientos de macronivel de estas nuevas configuraciones de materia, independientemente de los detalles de sus realizadores de microniveles.»…» La viscosidad es realizada como colisiones entre las partículas que componen un fluido. Sin embargo la viscosidad no está conceptualmente atada de ninguna manera con las condiciones microscópicas de su realización… La viscosidad es simplemente la resistencia de un fluido a las fuerzas de corte.»..». No necesitamos apelar a los microfenómenos para explicar los procesos macro.»…»Pero, si la agencia es una suerte de actividad observable y las metas son sus estados finales, entonces el status natural, no-psicológico de la agencia y metas es tan irreprochable como el de la fluidez y la viscosidad.”… «Existe una relación de constitución recíproca entre las habilidades de un agente y sus ‘affordances’» (De «Everything Flows», ed. Dupre, por D. Walsh)

La arquitectura por el momento exitosa de la IA – la que despliega sus redes neuronales en capas de integración con propagación hacia atrás que le otorga peso a los caminos del putativo aprendizaje -, no parece deber tanto a la copia del supuesto funcionamiento del cerebro (que todavía conserva la mayoría de sus secretos) como a la imaginación que surge mirando el espejo, cansado de reflejar una y otra vez la misma danza de la que la teoría de partículas es un claro ejemplo en la proliferación sintomática de nuevos componentes de ya viejos hallazgos, pegamentos de pegamentos, cuyo destino parece el de arena entre los dedos, que muestra con extrema crueldad (tanta que no se lo quiere ver) el pragmatismo de un saber que ya ni siquiera se incluye en el dilema entre epistemología y ontología (dilema que por debajo de un aparente conflicto desnuda una fantástica complicidad para subsistir, a la manera de un pacto escondido), porque remite solamente a un acomodamiento (de paso, es como G. Hinton describe la deformabilidad extraordinaria de las palabras, distorsiones en búsqueda de sus también desfiguradas contrapartes), a una suerte de amasijo que al desenrollarse permite cortes en rebanada que concede la formación de conceptos (y aquí parecería no ser meritorio adjudicársela a la filosofía – Whitehead/Deleuze -, convertida en una esclava de un pragmatismo furioso), entre las cuales aparece sus «affordances» – posibilidades que no se igualan al contexto sino a una sociedad indisoluble con el que presuntamente actúa -, surgiendo inesperadamente aquí una especie de «pan-agencia» (es revelador como toda propuesta llevada a su extremo – como es la obligación de pensar – pide silenciosamente el prefijo pan) en donde ya se hace indistinguible el que talla de la obra, la emisión de la absorción, todos parte de una danza que se empeña en no ser revelada aún con una acumulación inaudita de datos.