

La sedimentación tentadora
«Pero hay una refutación Hegeliana categórica de eso al comienzo de su Lógica: si los predicados del ser son todos negativos, si el ser en cuanto ser es lo que no tiene propiedad particular, entonces es indistinguible del no-ser.»…» Ahora, el problema es que, para Parménides, todos los predicados del ser son también negativos, en lo que el llama la doctrina de los signos.»…» La razón por la que hay siempre codificación es que es a través de la codificación que el hecho que hay un nudo nos es transmitido, aún si esa codificación no es una de relación sino de una no-relación.»…» Porque lo que inmediatamente introduce la paradoja del filósofo escéptico es que el quiere transmitir la figura de lo sin-sentido.»…» Que la codificación de Parménides, como pureza, es originaria es la teoría de Heidegger”… «Esto es lo que está en juego en el poema de Parménides: el abandono de la narrativa en favor del matema, en favor de transmisión rio-ambigua, como opuesto a la ambigüedad de las fábulas». (De «Parménides», por A. Badiou)
Las zonas iluminadas del cerebro que nos ofrecen las técnicas avanzadas de resonancia magnética (fMRI), detectando oxigenaciones que indirectamente delatarían actividad (en realidad no hay experimento que no arroje mediciones indirectas de fenómenos que no se ofrecen – aún perforando cada vez más, siempre hay una nueva capa), han sido la razón de carreras científicas completas que se niegan a reconocer su potencial fracaso (es difícil imaginarse a Nancy Kanwasher asumiendo que ha perseguido molinos de viento toda su vida), como el que le vislumbra Marvin Minsky, con su verosímil crítica que supone fenómenos previos de activaciones e inhibiciones ocultas que desembocan en ese sector alumbrado que ya no significa nada, reflexión que deberíamos extender lógicamente a todas y cada una de las teorías – científicas, filosóficas, etc -, sujetas a diversas codificaciones que redistribuyen el universo una y otra vez (se puede caer en la tentación de asimilar esos sucesivos ordenamientos a una evolución extendida – a la manera en que las teorías sólidas suelen contagiar cualquier intento – adjudicando al éxito a una controvertida adaptación (adaptación a qué sistema? ¿a qué linea punteada de referencia?), manteniendo una deriva inexplicable por definición (no podemos establecer el curso del barco en el que navegamos en relación a nuestro propio bote) – y nuestra influencia en el universo, a pesar de las posibilidades que tenemos, por ejemplo, de destruir el planeta, quedará siempre en duda (¿no es la hipótesis de Gaia la de una homeostasis que cancela cualquier intento?)), codificaciones a las que Badiou se empeña en hacer nacer en un momento histórico, como si antes de Parménides no pudiéramos ser testigos de ninguna filosofía, idea bastante cercana a un despropósito pero que aprovechamos para reintroducirnos al dilema narración-matema que basa su separación en considerar al materna como mensaje puro y sin resto, en oposición a una narración contaminada y confusa, incapaz de filosofar claro y distinto, como si pensar consistiera irremediablemente en una perpetua y abismal disección a lo que Heidegger ve agazapado por detras, asumiendo que «eso» precisa ser desenterrado o recuperado después de su olvido (otra vez, también en Heidegger, esa historicidad dudosa que posiblemente haya contribuido a su adhesión al nazismo) – es también conocido el forzamiento conceptual de Badiou para acercarse al Maoísmo), sin reconocer la completa igualdad de los discursos (filosóficos, políticos, científicos) como intentos metonímicos de provocación de desprendimientos inesperados, ve, en su negligencia esencial, deben estar alertas a cualquier tentadora sedimentación.