

El ofrecimiento sin garantías
«¿Quienes son esas personas con mentes errantes, que son sordos y ciegos? Ellos son aquellos, dice Parménides, ‘por quienes ser y no ser se piensan siendo lo mismo y no lo mismo». Por lo tanto, aquellos que no piensan, o que son ciegos, son aquellos para quienes el no-ser no ha sido prohibido y para quienes todo está mezclado junto: ‘ser y no-ser son pensados como siendo lo mismo y no lo mismo’. Ellos son ciegos en que ellos no saben donde está lo imposible. Ellos no son ciegos porque no pueden ver sino porque ven ‘demasiado mucho’. » … «Y Sócrates replicó:» Oh, hombre, he pensado a menudo acerca de hacerlo, pero si fuera a admitir una Idea del lodo o del pelo, hubiera sonado ridículo.».» Por lo tanto, tú no eres un maestro todavía’, replica Parménides, ‘porque tu eres alguien susceptible a opiniones espontáneas; tu eres todavía sensible al ridículo. Tu careces de la radicalidad de la maestría; tú eres demasiado joven.»» (De «Parménides», por A. Badiou)
El psicoanálisis nos presenta la figura del «pase», ese cruce que el analizado debe hacer efectivo, bajo la supervisión del analista, que estará a cargo del entrenamiento para producirlo, manteniendo ese “insight’ del lado de lo posible, sujeto a técnicas determinadas y a un progreso que solo pide la conducción adecuada, atrapados otra vez en la órbita de la ‘expertise’, que no deberíamos confundir con la admonición a Sócrates que toma de su propia medicina, desnudando una insospechada profundidad en el rechazo del ridículo que obtura su camino, como si no supiera que ser un esperpento es la condición del pensar (Marvin Minsky, en una clase en el MIT poco antes de morir, exonera a Freud de los cargos de falseamiento de sus casos, anteponiendo a cualquier prurito moral la publicidad de sus magníficas teorías), provocando a un tiempo la mismísima contradicción de Parménides leído por Badiou (de hecho estamos mezclando sus fragmentos con lo que Platón pone en su guión teatral – una muestra más de la misión de los textos, alejado de la imperiosa confirmación de las fuentes, en su perfil provocador de ideas) que relega casi a la locura la mezcla inasible del ser y el no-ser, para luego empujarnos al ridículo como paso para la conversión, echando por tierra sus propio melindres, descubriendo, en otra muestra de dialéctica asombrosa y siempre presente, el forzamiento del texto hacia la práctica de disciplinas – política, como una de las condiciones de la filosofía, filosóficas, liberando su propio expertise, clínicas en su afán de hacer que Parménides justifique a Lacan en el que Badiou está empeñado, redireccionando sin saber (parece ser que todo lo importante lo hacemos sin saber) la ceguera y la sordera a los que se empeñan en el «pase» con la esperanza del entrenamiento adecuado, en un cambio frenético de roles que no nos da tiempo de identificación, como esas ollas de pócimas mágicas en donde las burbujas aparecen y desaparecen a velocidades que nos impide el seguimiento y caemos en la cuenta que ninguno de los intentos ostenta privilegio sobre otros, todos en un mismo plano en el que Parménides, Lacan, Minsky, Freud y Badiou practican un generoso transvestismo que se nos ofrece sin garantías.