La verdad del engaño

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La verdad en el engaño

«Con esto concluyo para ti el confiable razonamien­to y el pensamiento acerca de la verdad; a partir de aquí aprende las mortales opiniones escuchando el orden engañador de mis versos.»..»Pero, puesto que todas las cosas han sido denominada luz y noche, y estas, conforme a sus potencias, han sido atribui­das a estas cosas y aquellas, todo está lleno conjun­tamente de luz y de oscura noche, de ambas por igual, pues nada no participa de una de las dos.»… «Pues (los anillos) más estrechos están llenos de fue­go sin mezcla, los que vienen después, de noche; pero en medio se desprende una porción de llama.» ( De «El poema de la naturaleza» de Parmenides, trad. Alfonso Gomez Lobo)

Tratar de encontrar correlaciones behavioristas entre humanos, ratas y monos, con las correspondientes zonas activadas del cerebro (recordemos otra vez que la detección de los fenómenos que se acompa­ñan unos a otros, más allá de cualquier ontología – ajena por siempre a estos intentos humeanos – da lugar a magníficas herramientas de manipula­ción que no hacen más que afianzar su poder de convencimiento a la vez queda el coraje para extender la metodología a los dominios más insólitos), no es tan impactante como el proyecto de localizar en sus areas los juicios morales, que juzgaríamos irónico si no fuera que es parte de la currícula del MIT, obviando las arbitrarias categorizaciones de lo que está bien y lo que está mal, en la que par­ticipan innumerables variables, culturas lenguajes (¿se iluminarían las mismas zonas en Confucio, Só­crates, Zhuang Tre?) – y este es otro ciemplo del des­potismo de los paradigmas científicos, que juzgan co­mo «serios» abordajes insostenibles, erradicando otros -, aunque alcanzamos a mitigar el estupor por la gracia de Parménides, que abjura en cada linea de su fama futura, obtenida por los segui­dores de Procusto en su empresa de encasillamiento, dejando claro que el ser inmóvil contempla el mo­vimiento y que la imposibilidad de pensar los lími­tes de esa esfera plena de isotropía que es el universo, es la forma que nos es dada para que todo se desenrolle, es decir, las fronteras para pensar lo ilimitado que ellas mismas contienen, luz y noche indescifrables que escapan de su ubicación, necesitados de las certezas científicas como de un puente que insólitamente vemos en una bruma, justo en el momento en que se nos confiesa que todo lo que hemos leído hasta aquí, ha sido un engaño