El niño absorto

Screenshot
Screenshot

El niño absorto

«El datum en metafísica es la base de la teoría del vector en física; la satisfacción cuantitativa en la meta física es la localización escalar de la energía en física; los «sensa» en metafísica son las bases de la diversidad de formas específicas bajo las que la energía se viste a sí misma. Las descripciones científicas están, por supues­to, entrelazadas con los detalles específicos de la geome­tría y las leyes físicas, que surgen del orden especial de la época cósmica en la que nos encontramos. Pero los principios generales de la física son exactamente los que deberíamos esperar como una ejemplificación espe­cífica de la metafísica requerida por la filosofía del organismo.»…»La ciencia debería investigar especies particulares, y la metafísica debería investigar las nociones genéricas bajo las cuales esos principios es­pecíficos deberían caer.» (De» Process and Reality», de A. N. Whitead)

Es innegable la influencia que la teoría de la Rela­tividad (especial o general, incluyendo la gravedad) ha tenido en nuestra época (a la que no podemos ponerle límites visibles toda vez que la seguimos ha­bitando), que no se reduce a su capacidad de teori­zar dentro del horizonte reducido de nuestro ser en el mundo (epitomizado habitualmente por la crea­ción de los manejos atómicos) sino al teñido sin escapatoria de toda nuestra experiencia, más si tene­mos en cuenta que insensiblemente, aún los filósofos que pretenden sacudirse los ascendientes (en realidad no hay excepción en la medida que alguien decide escribir su novedad), sucumben a su deslumbramiento, como si en un determinado tiempo no hubiera forma de pensar diferente (quizá este fenómeno se vea redoblado en el surgimiento cada vez más abundante de especialistas que fácilmente eluden cualquier posibilidad de crítica con el escudo de su erudición que jamas podremos igualar si no nos convertimos en uno de ellos), lo que pone nuevamente en juicio el papel de la filosofía en con­traste con la ciencia, que Whitehead, en su afán de parecerse a la física de nuestro tiempo, adjudica en una relación genero-especie, como si la filoso­fía buscara lo mismo con la diferencia de cierto.
meta-nivel que le otorgaría cierta prominencia, por­que no solo podría dar cuenta de su época sino tam­bién preparar el porvenir, lo que nos hace pensar sino sería mejor soltar al pensamiento de la obligación de explicar (que dejaría gustosamente en manos de los laboratorios) para dejarlo flotar en la generación de límites que nos acerquen a esa imagen de un niño ab­sorto jugando el juego que solo él conoce.