La intensidad del sol

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La intensidad del sol

«Los cristales no son agencias que requieran la destrucción de sociedades elaboradas derivadas del medio ambiente; una sociedad viva es tal agencia.»…»Por lo tanto, todas las sociedades requieren interacción con su entorno; y en el caso de las sociedades vivas, esta interacción toma la forma de robo.»…»Los apetitos primordiales que constituyen conjuntamente el propósito de Dios estan buscando intensidad, y no preservación. De­bido a que son primordiales, no hay nada que pre­servar.»…»Hay una experiencia intensa sin el gri­llete de la reiteración del pasado.»…»La conclusión a sacar de este argumento es que la vida es una carac­terística del «espacio vacío» y no del espacio «ocu­pado» por cualquier sociedad corpuscular.» (De «Process and Reality», por A. N. Whitehead)

Quizás la búsqueda de la diferenciación entre materia (no podemos menos que encaminarnos a un discurso cien­tífico cuando la nombramos, repleto de incertidumbres, sabiendo que a estas alturas la idea de masa ha sido depuesta en beneficio de la energía y que las partículas se disuelven en campos que ellas mismas crean) y vida no sea un planteamiento valioso (es difícil decirlo cuando todavía sigue resonando la disputa que tiene al problema «duro» de la consciencia en los foros de moda), toda vez que sus callejones sin salida se han agotado (probablemente toda metafísica sea uno de ellos, diferenciándose en las posibilidades que tienen de bifurcarse para seguir asombrándonos), en manos aho­ra de los CEOs de las compañías de inteligencia arti­ficial (buena señal para buscar otros senderos) y descubrimos que esta, en principio, degradación de nues­tro interés, tiene como base la persecusión a toda costa de diferenciaciones siempre arbitrarias y en algunos casos apelando a una sutileza que las aleje de los fracasos anteriores, como por ejemplo estos curiosos apetitos primordiales que provienen directamente de Dios y que tienen su reflejo en los seres vivos, a los que a su vez, por su misma esencia, se les otorga el privilegio de «robar» (comer es robar a cualquiera de los reinos, llamada de atención a los evangelizadores veganos y otros), en la búsqueda divina de intensidad (nueva adjudicación de causa final de un universo que no nos pide tanto) que parece posible solo en los intersticios de lo inerte, esclavizado en un cosmos Laplaciano hacia atrás y hacia adelante, olvidando que la creación de las estrellas no precisó de ninguna consciencia, como quizá todo evento capaz de ence­guecernos como si miráramos de frente un nuevo sol.