

Lo simple y lo complejo
«¿No deberíamos desconfiar de la alegre seguridad con la que cada edad se enorgullece de que finalmente ha acertado en los conceptos últimos en los cuales todo lo que pasa puede ser formulado? El objetivo de la ciencia es buscar las explicaciones más simples de hechos complejos. Somos propensos a caer en el error de pensar que los hechos son simples porque la simplicidad es la meta de nuestra búsqueda. El lema rector en la vida de todo filósofo de la naturaleza debería ser: buscar la simplicidad y desconfiar de ella.» (De «The Concept of Nature», por A. N. Whitehead)
El desafío del escepticismo reviste el caracter de la paradoja mas profunda, quizá el origen de todas las demás que no hacen más que recordarnos en la secuencia de sus apariciones, la ilusión de consistencia en la que vivimos que nos ciega ante la contradicción en lo real (cualquiera sea el significado de esta palabra), epitomizado entonces por la imposibilidad de escribir sin promesa (está claro también que los supuestos. fundadores jamas han escrito una línea, que han sido producto de sus discípulos, como si se vieran en la obligación de extender el movimiento hacia adelante a partir de incurrir en las contradicciones a las que sus héroes no se atrevieron), bifurcando los caminos en aquellos que se empeñan en encontrar esa unificación que nos hará aún más dueños de la naturaleza pasiva que espera – en este caso, con un entusiasmo insuflado por el interés de dominio – y esos otros que aún convencidos de una empresa sin destino, perseveran en una misión que nadie les encomienda y al mismo tiempo despreciada por su confesada inutilidad, reconociendo la inabarcable realidad (que no solamente se expresa en la interdependencia de los 10^80 supuestos átomos de los que componen el universo – a los que habría que afectar de una nueva potenciación si disolvemos esas partículas en sus campos de fuerza – si no que también relucen en la auto reflexividad implicada en nuestra activa participación en ese todo que pretendemos explicar), regidos solamente por principios que guían sin justificación, tratando de despojar ese afuera de proyecciones limitadas a nuestra supervivencia – que de todas maneras deberán tener en cuenta – buscando aquello que una vez encontrado debe ser nuevamente esfumado, como si luego de haberle dado vida después de un extenuante trabajo, lo convirtiéramos nuevamente en fantasmas que se pierden para volver a incitarnos a empezar todo otra vez.