El despliegue del universo

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El despliegue del universo

«Un lugar tridimensional de eventos-partículas que es la porción común del límite de dos eventos adyacentes se llamará «sólido»…»Un sólido que no yace en un momento se llamará» vagabundo». Un sólido que yace en un momento se llamará volumen.»…»La inter­sección de un momento y un evento consistirá evidente­mente en aquellos eventos-partículas que están cubier­tas por el momento y se encuentran en el evento. La identidad de las dos definiciones de un volumen es evidente cuando recordamos que un momento que se cruza divide el evento en dos eventos contiguos.» (De «The Concept of Nature», por A. N. Whitehead.

Cuando hablamos de 4D (coordenadas espacio- tiempo) debemos reconocer el aspecto arbitrario de su postulación (que encaja en la definición Whiteheadia­na de «set de abstracción» o mas bien «elementos de abstracción” que agrupa varios de aquellos conjuntos, componiendo un sistema), si tenemos en cuenta que es necesaria una convención para asociar en un mismo ámbito eventos que en principio son de extre­ma ajenidad uno con otro, sin posibilidad de cone­xión (de hecho el tiempo en cada punto es diferente y único (y aquí se nos puede acusar de petición de principio, asumiendo que esa misma hipótesis parte de los mismos postulados que se pretenden expli­car – lo que nos lleva a pensar que en última instan­cia, todos los sistemas inevitablemente sucumben a la misma inconsistencia)), generando un universo absolutamente desconectado que la teoría intenta re­lacionar a través de cierta homogeneización forzada (por supuesto que la relatividad no es la excepción en el campo de las ciencias) y caemos en la cuenta de la razón por la cual Whitehead nos inunda de neologismos y conceptos (complejidad que deberíamos desechar si pensáramos según la navaja de Ockham, absolutamente necesaria en las ciencias, en su bús­queda de la explicación más sencilla) porque su meta­física pretende ajustar su discurso a esa particula­ridad inefable que da el desenvolvimiento de una naturaleza asombrosamente distinta en cada punto, en un esfuerzo heroico de mimetizar cada letra con ese momento único que se escapa irremediablemente aunque se intente definir el vagabundeo de las inte­racciones de las que no disponemos la clave(¿có­mo interactúan 2 eventos separados?¿cúal es el pegamen­to que las une?) y que se teorizan en esos «sólidos» que ofician de entre-dos(¿y cúal es el pegamento entre el sólido y el evento?), complejizando en abismo con el solo empeño de mostrarnos la invisibilidad del invisible y maravilloso despliegue del universo.