Atravesar el fantasma

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Atravesar el fantasma

​​“Ninguna ciencia es susceptible de demostración tanto como un edificio puede erigirse en el aire; todas sus demostraciones deben basarse en última instancia en lo que es percibido y, en consecuencia, no se puede demostrar, ya que todo el mundo de la reflexión se apoya y está arraigado en el mundo de la percepción.” … “Las demostraciones en general no son tanto para aquellos que desean aprender como para aquellos que desean disputar.” (De “Works of Arthur Schopenhauer”)

​Un principio saludable es pensar siempre que detrás de textos tan fantásticos como el que hemos leído se esconden verdades no triviales que se nos ofrecen para ser desembozadas, como cuando Schopenhauer nos dice que todo concepto o conjunto de conceptos tan abstractos como se quiera, está anclado en la percepción que, por supuesto, no es el palo que parece doblado en su reflejo en el agua en la que se ha hundido — es básico desde hace mucho tiempo no dar crédito a lo que dictan nuestros pobres sentidos — sino en lo que ​es ni más ni menos que el encuadre de esas apariciones, a saber, nuestras intuiciones de espacio y tiempo, orígenes de la causalidad y de todo el mundo fenoménico de donde las demostraciones parten, como desde una jaula de oro de la que no pueden salir — y es importante incluir aquí a los desarrollos de la física actual más sofisticada — y no podemos menos que maravillarnos cuando unos pocos párrafos más adelante nos es dicho en todo su esplendor la verdad esperada que liga el aprender — y por lo tanto el conocimiento — a la aporía de Menón, derivándolo a una tarea imposible, o peor, desnudando el vacío de una tarea meramente instrumental que se arroga el privilegio que cree le confiere la probada e innegable manipulación exitosa, a saber, el desciframiento que, curiosamente, solo se obtiene en el atravesamiento de ese fantasma con el que él mismo es construido.