De lo complejo y de lo simple

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De lo complejo y de lo simple

​“El flujo absoluto del mundo de la apariencia pasa a la diferencia desnuda y simple a través de la relación con la simplicidad del ser interior, la simplicidad aprehendida por el entendimiento…” “Sin embargo, el mundo interior, o el más allá supersensible, ha surgido: viene a nosotros fuera de la esfera de la apariencia, y esta última es su agencia mediadora: en otras palabras, la apariencia es su naturaleza esencial, y de hecho su relleno…” “Por lo tanto estos momentos no se asignan a 2 extremos independientes, ofreciendo el uno al otro solo un polo opuesto: más bien su verdadera naturaleza consiste simplemente en que cada uno sea únicamente a través del otro, y en que cada uno deje de ser lo que es a través del otro; ya que es el otro.” (De “On Scientific Knowledge”, por Hegel).

​La ciencia se encomienda a la tarea de simplificar lo complejo —basta pensar en la moda de los 80, con las teorías del caos, avocadas a encontrar patrones (en algunos casos rayanos en lo místico) que explicaran (en algoritmos desarrollos y evoluciones, cuyo dinamismo anhelaban atrapar) — algoritmos a la vez criticados por superficiales por los físicos, que elevaban su apuesta hacia lo más pequeño, multiplicando partículas en el acelerador forzado a darnos lo que se le pide — en la creencia que las partes en principio dislocadas podían unirse, siempre en el marco de la predicción —, logrando leyes unificadoras (¿no fue lo que hicieron Newton, Maxwell, Einstein?) y debiendo su existencia (al menos el mantenimiento del entusiasmo como mirada privilegiada) a la promesa de la unificación final (Quantum gravity, cuerdas, etc) —que dicho sea de paso, exigiría su propia exégesis, toda vez que habita la imposibilidad de las tortugas que se soportan interminablemente—, y encontramos a la filosofía corriendo el mismo albur, obligándonos a pensar la diferencia en que ella misma trata de encontrar el punto de verdad que para la ciencia, una vez encontrado, será irrepetible, pero que, para Hegel, se transforma en momentos que en la vertiginosidad de las transferencias que transforman lo mismo en lo otro, son capaces de aparecer y desaparecer dejando detrás de sí la estela resplandeciente de lo que escapa al mismo tiempo en que habita la punta de nuestra lengua.