Detrás del caballo

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Detrás del caballo

«Pero si adoptamos un empiricismo universal, entonces las matemáticas serán incluidas. Ahora si esta ciencia está en contradicción con la razón que admite solo principios empíricos, como inevitablemente ocurre en la antinomia en las que las matemáticas demuestran la infinita divisibilidad del espacio, que los empiristas no pueden admitir; entonces la mayor evidencia posible de la demostración está en manifiesta contradicción con la supuesta conclusión de la experiencia … Y así el empiricismo se revela como un escepticismo absoluto.» (De «The Critique of Practical Reason» por I. Kant). 

«[Juanito]: ‘Pero sería una desgracia absoluta, todos verían tu ‘mingidor’. «La vieja curiosidad, transferida a un nuevo objeto, y apropiadamente lo suficiente en una fase de represión, disfrazado de inclinación a moralizar!”.» En la mañana del 13 de Marzo le dije a Juanito:’Tu sabes, si no te tocas más tu ‘mingidor’ el tonto sinsentido se pondrá mejor !’ Juanito: ‘Pero yo no me toco más el mingidor !’. Yo: ‘Pero aun lo quieres hacer.’ (De: «Juanito», por S. Freud)

En «The Testament of Ann Lee» (película de Mona Fastvold) se asiste al desarrollo de dos registros totalmente ajenos, fuera de toda posibilidad de mezcla, ni siquiera de roce, por un lado las coreografías en la forma de una especie de Tai Chi moderno, ejecutadas por las «shakers» («sacudidores» sería quizá la acepción más cercana) que se agitan en un éxtasis consciente, marcadamente alejados del arrebato místico, dejando recorrer sus cuerpos por no sabemos qué (experiencia de la que la mayoría daría fe, sin privilegio de disciplinas) y por el otro, la exportación imposible a un sistema dogmático pleno de promesas, como si la energía acumulada (y se debe permitir la metáfora científica) se volcara en avalancha imparable sobre los símbolos construyendo un puente a la fuerza para sostener lo insostenible, reabriendo un dilema retomado por Kant, desesperado por escapar del empiricismo salvaje y genial de Hume, que adivina muy cerca del escepticismo, pidiendo ayuda a las matemáticas y su capacidad nunca vista en el mundo de la división infinita (aún la construcción de los finitistas, sumando de a uno, siempre tendrán un horizonte del que jamás serán testigos), que le permite entrever un posible pasaje del esquivo noúmeno a través de los túneles de la razón práctica que recibe por analogía la posibilidad de gestionar un marco apodíctico para la libertad, que toma su forma en una ley moral monstruosa, como si el pasaje de un voltaje excesivo diera lugar a un engendro vacío y sin piedad, habitante del mundo pero con una indiferencia aberrante, sujeta paradójicamente al vaivén de un deber ser atado al tiempo (el Marqués de Sade de Lacan dando testimonio), todas fuerzas desatadas en el cuerpo del pobre Juanito, campo de batalla de su padre/madre y Freud, que insisten, como en una confabulación tácita y cruel, en su rendición, para que confiese de una vez por todas que no hay otra cosa detrás de su caballo.