El alerta de Platón

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El alerta de Platón

«Y la característica esencial corriendo desde Goethe a Heidegger fue precisamente excluir al materna de la iden­tificación de Grecia, o decidir acerca de Grecia exclu­yendo el matema – lo que he llamado una «dematema­tización» de la originalidad Griega – y por lo tanto, dije, refundar Grecia en el contexto de narrativa.»… «Ciertamente, la Grecia alemana fue la Grecia cuyas figuras claves fueron las del mito.»…» Tomen el clásico ejemplo de la teoría de Edipo de Freud, en el que el mito es propuesto como el vehículo para el materna. La historia tiene una estructura formal consistente con el ideal de la ciencia.»…» Giros y vueltas combinan en espacios que de ninguna manera se separan completa y claramente, en los que una decisión debe ser hecha acerca de dos alternativas inmanentes y desconectadas. …» El trabajo de Platon… está suspendido entre el mito y el matema, proponiendo ambos, uno como vehículo para el otro y viceversa.» (De «Parménides», por A. Badiou)

Los que consideran al «problema duro» de la consciencia como puras patrañas acorde a la charlatanería filosófi­ca – muchos exponentes pueden ser nombrados, al esti­lo de Marvin Minsky o al de la recalcitrancia mili­tante de Daniel Bennet -, toman sin embargo la misma debilidad de su adversario, que consiste en la imposibi­lidad de definición de lo que llamamos consciencia (es sabida, incluso, la inclinación a especular sobre la inexistencia del yo – versión apuntalada por las más diver­sas corrientes, incluyendo las no occidentales), que les deja servido el mejor plato, que consiste en el permiso de disección brutal (Marvin Minsky presenta un listado literalmente interminable de actividades «conscientes» mientras su heroína simplemente cruza la calle) que a su vez, paradójicamente a lo que podríamos considerar una complejidad inabarcable, facilita enormemente la heurística para el diseño de la IA (capas «neuronales» ocupadas de agrupaciones ascendentes hasta llegar a las excitaciones para producir la acción – por supuesto, para siempre encarcelada en nuestras propias limitacio­nes prácticas, que nos convierten en compañeros de celda), que demuestra un éxito en el reemplazo de la actividad humana, incluso de las más emblemáti­cas – hoy, el más simple dispositivo es capaz de componer canciones o redactar poemas que pasarían cualquier test al estilo Turing -, poniendo un nuevo sitio a la estrategia de Badiou (viejo vino en nuevos odres) de fechar el nacimiento de la filosofía en la supuesta originalidad de Parménides en su separa­ción tajante de mito y materna, descubrimiento oscu­recido por Platón que parece empeñarse en volver atrás – y es ese error el que lo sentencia a una esca­sa innovación, porque el precio que paga es en realidad el de la abolición de toda filosofía, en su rechazo de la narración en favor de un matema que, en sole­dad, ya no nos necesita, haciendo convivir en un solo punto el nacimiento y la muerte, cayendo en la trampa, una vez más, que la cronología les tiende a los eruditos (o a los profesionales del pensamiento), generando una compulsión ficticia a una decisión ilusoria, de la, que una vez más, Pla­tón nos alerta.