

El brillo involuntario
«[la psicología occidental] imita los irrelevantes rituales de las ciencias de la energía pero ignora los datos de la física y la genética, los significados y sus implicaciones.» … «[Lama Anagarika Govinda] declaración de apertura a primera vista haría que los psicólogos judeo-cristianos resoplaran con impaciencia. Pero una mirada cercana a estas frases revela que son la declaración poética de la situación genética tal como la describen actualmente los bioquímicos e investigadores de ADN.» … «Sí, por algún truco de la naturaleza, las puertas de una subconsciencia individual se abrieran repentinamente, la mente desprevenida se vería abrumada y aplastada. Por lo tanto, las puertas del subconsciente están custodiadas por todos los iniciados y ocultas detrás del velo de misterios y símbolos.» … «Ahora, por primera vez, poseemos los medios para proporcionar la iluminación a cualquier voluntario preparado.» … «El secreto se revela una vez más en un nuevo dialecto y nos sentamos en silencio a observar si el hombre está listo para avanzar y hacer uso de las nuevas herramientas proporcionadas por la ciencia moderna.» (De The Psychedelic Experience por T. Leary y otros)
En los 60 se asiste a cierto paralelismo (su detección, por supuesto, siempre dependiente de un cristal, con sus particulares refracciones y fragilidad), adjudicable a una certeza de progreso (renovada de diferentes formas a lo largo de la historia – hoy epitomizada por el potencial poder de procesamiento de la IA, furor que es capaz de pasar por encima cualquier objeción) que arrasa con todo, probablemente debiendo su éxito a la garantía que su creencia ofrece a la perseverancia en el ser – con una prometida inmortalidad al menos para los magnates y a los aspirantes – que ubica en un mismo marco a la física (manipulación de partículas, victoriosa en la no tan lejana bomba atómica), la biología, con sus invenciones del código genético como llave del ser, y paradójicamente lo que se juzgaría como su contracara, en su auto-definición de rebeldía, las ciencias «blandas» que intentan irrumpir con ideas revolucionarias – Deleuze y la lenta pero efectiva germinación del esquizoanálisis, Foucault y su genealogía plena de propósito, Lacan con su lectura encriptada de Freud, etc. – de las que la psicodelia también es un ejemplo, que no pueden dejar de apoyarse en lo mismo que desprecian, aferrándose también a la ciencia de su tiempo, creyendo en un ADN que ya ha demostrado su impotencia (no más códigos unidireccionales, epigenética, etc., ideas que también se desmoronarán), generando nuevos y elitistas secretos e iniciaciones (la interpretación de los seminarios de Lacan, puerta de entrada a la organización de asociaciones peleando por el prestigio de ser dueño de la verdadera), copiando hasta la hybris de su supuesto enemigo, reflejando el giro completo al que están destinados los sistemas que se oponen a sistemas, que, una vez más, hacen brillar involuntariamente a Sócrates.