El dominio contingente

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El dominio contingente

«Pero si la razón pura de sí misma puede ser práctica y es realmente así, como lo prueba la consciencia de la ley moral, entonces es todavía solo una y la misma razón, que, o en un punto de vista teorético o práctico, juzga de acuerdo a principios a priori, y entonces es claro que aunque es en el primer punto de vista incompetente para establecer ciertas proposiciones positivamente, que, sin embargo, no la contradicen, entonces, tan pronto como estas proposiciones están inseparablemente unidas al interés práctico de la razón pura, debe aceptarlas, aunque sea como algo que se le ofrece desde una fuente extranjera, algo que no ha crecido en su propio suelo, pero es sin embargo suficientemente autenticado; y debe tratar de compararlas y conectarlas con todo lo que tiene en su poder como razón especulativa.»  (De “Crítica de la Razón Práctica”), por I. Kant.

“Aquellos patrones filogenéticamente transmitidos, como «categorías» filosóficas nos posibilitan acomodar nuestras impresiones de la vida. Me gustaría sugerir que son los precipitados de la historia cultural humana. El complejo de Edipo … es un ejemplo.”  (De “The Wolfman”, por S. Freud)

En “We have never been modern”, Latour señala que solo la hipocresía separa a la supuesta modernidad de lo pre-moderno, creyendo dar fin a la mezcla de dioses con la tabla periódica, y se podría conjeturar (más allá de lo que Latour mismo desprende de su aproximación) que la maniobra obedece a un viraje para otorgar una línea más clara de autoridad (sin obedecer a agencias específicas ni a teorías conspirativas, en un sentido genealógico casi foucaultiano que descree de intencionalidades naturales/sociales), lo que constituye en realidad una metamorfosis continua que no permite ser desentrañada por sus actores y que quizás pueda verse a cierta distancia (que reporta otros peligros no menos distorsionantes), por ejemplo, en los esfuerzos de Kant en correr a Dios del bien supremo (y quizás sea Kant el paradigma de aquel conato de escisión fallida, haciendo depender de la ley moral decretada a la misma razón especulativa, encargada ahora con la misión de conectar lo suprasensible con este mundo de apariencias, justificada ahora por el orden que sigue viniendo de arriba (aunque la posibilidad de universalidad del imperativo categórico no puede negar su potencial dependencia del barro en donde vive), operación que vemos repetir en Freud (en realidad lo meritorio sería encontrar la excepción a esta regla) con su propuesta de estructuras filogenéticas, aptas para transformarse en una cama de Procusto según necesidad, que nuevamente pone sobre la superficie el empeño en la jerarquía en el que todo sistema debe empeñarse para sostenerse, reprimiendo la hibridez que lo vio nacer, negando el mestizaje que pone en peligro a una clase de filosofía y a la clínica, teniendo lo peor a la hora de perder los estribos que le otorgan un dominio contingente.