El espesor del universo

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El espesor del universo

“Debes haber tenido la revelación de la realidad a través del goce para encontrar realidad en el sufrimiento, De otra manera la vida es solo un sueño, más o menos malo, Necesitamos encontrar una aún más plena realidad en el sufrimiento, que es la nada y el vacío. De la misma manera, tienes que amar mucho la vida para amar la muerte aún más.”…» Para estar en lo correcto, debes estar desnudo y muerto. Sin imaginación.»…”En un sentido esto es exactamente lo opuesto que el pensamiento de Leibniz. Es ciertamente más compatible con la grandeza de Dios, porque si él hubiera hecho el mejor de todos las mundos posibles, El hubiera hecho muy poco.»…”Hay gente para quienes cualquier cosa que trae a Dios más cerca, es beneficioso, para mí, es todo lo que lo mantiene apartado.»…»La vida humana es imposible.”..»El bien es imposible.»…»El deseo es imposible; destruye su objeto. Los amantes no pueden ser uno, tampoco puede Narciso ser dos.”… “Todo lo que queremos es contradictorio a las condiciones o consecuencias adjuntas, toda afirmación implica la afirmación contraria…»…”un poema es hermoso si mantenemos nuestra atención focalizada en inspiración inexpresable, como inexpresable.” (De “Gravity and Grace”, por Simone Weil)

Antes de perderse en el mundo (es reconocida sus posturas políticas recalcitrantes y conservadoras) – quizás hay dos formas de perderse, una es abdicando y la otra, el exilio – Kitaro Nishida trabajaba sin pausa, revolviéndose una y otra vez (sus seguidores se quejaban por la imposibilidad de tomar nota – problema que probablemente atravesaron todos los acólitos de aquellos que no escribieron una sola línea, aunque inconfesable), pasando de un tema a otro, escribiendo sin pausa como un torrente, como si una inspiración incontenible fluyera sin control, o mejor, como si en el mismo instante de traer al acto el trazo, acechara su eliminación, exhibiendo en la misma superficie de las cosas la distancia infinita que las separa de ellas mismas, representando la esencia misma del sufrimiento, no el imaginario, neutralizado con consuelo (y aquí aparece una una ingenua lectura de Leibniz también posible), sino el que se despliega en el ámbito de lo real lacaniano, en el que el deseo nos muestra su imposibilidad (y la clínica acá tiene el problema de su propósito, confesando su aporte a la representación de cuán imposible es lo imposible, desbaratandose a sí misma), corriendo el riesgo de una nueva retórica (antes de declararse con una ironía infinita un sofista más, Sócrates nos advirtió claramente sobre sus trampas), convirtiendo todo en un nuevo alivio en el terreno de una melancolía confortable merecedora del reconocimiento por lágrimas justamente derramadas sin contar, ni siquiera, con la posibilidad de estar desnudo y muerto, sujetos para siempre de una gracia que tiene que atravesar el espesor del universo.